Tribuna

Machado, Cataluña y Moncloa

El desafío, monumental desafío, catalán no puede resolverse desde el autismo y el individualismo. Nadie dialoga con quién no está dispuesto a dialogar o exigir lo que no se puede dar. Nadie es más sordo que quién escuchando se empeña en no escuchar. Y esta lección la hemos aprendido todos. No solo el presidente del Gobierno ante uno de los retos más complejos, ásperos y de difícil y complejísima resolución. El secesionismo catalán. La actitud entre chulesca y desafiante hasta el extremo de quiénes, desde la ilegalidad absoluta, pero desde el descaro más manifiesto, quieren iniciar la vía independentista aun sin respaldo de la mayoría de la sociedad catalana solo puede ser respondida desde la serenidad, la inteligencia y el consenso de quiénes verdaderamente creen y vertebran la democracia y sus valores. Y esto solo es viable desde el sentido de Estado y el compromiso con los valores constitucionales, los de 1978, pues de momento otros no hay por mucho que los vientos de reformar constitucional avizoren y se enmudezcan en el tiempo paralelamente.

Hay quién dice que es ahora cuando de verdad Mariano Rajoy hace política. A dos meses y medio de una nueva investidura en la undécima legislatura. La que cambiará el bipartidismo acendrado y robusto por una tríada cuando menos de protagonistas con discursos e ideas más aceptados por los españoles. Lejos de insistir en una respuesta individual y de partido, Rajoy mueve ficha y acierta, buscando una zona de consenso y de respuesta articulada, lejana de la refriega electoralista que se avecina, y que compacte el discurso de Estado. Y si es ávido e inteligente manejando esta situación, el desafío catalán que en la última semana cobra su penúltimo enroque, envite, y también órdago, la arena catalana puede depararle aquellos votos que de pronto no tenía. Ahora bien, el alambre es fino y puede volverse igualmente en un bumerang si hay sobreactuación o indicio de aprovechamiento tacticista.

Rajoy ha sentado y sentará a todas, casi todas, las fuerzas políticas. Lo ha hecho ya con socialistas, con Podemos y con Ciudadanos. Estos dos últimos han sido noticia por el respaldo y repercusión mediática que no cesará hasta el 20 de diciembre. El precio de la novedad superlativa. Entre el descaro y cierta insolencia, ambos noveles han querido jugar la carta de aprendices de estadistas por los pasillos, ya no enmoquetados, del Palacio. Y con ellos volvió Machado a Moncloa, el mismo, que simbolizó como pocos esa tercera España que no fue ni pudo ser, y que también en su día fuera recuperado por un Guerra que quiso patrimonializarlo a su manera en su día. Y con Mairena no sabemos si su Abel Martín y su reloj atrasado veinticuatro horas. Como dijo Azaña, recuperado igualmente por la derecha de Aznar en su día, Machado, de haber ganado la República aquella funesta y terrible guerra, igualmente habría tenido que exiliarse.

Cataluña convulsiona la política del resto de España. Marca los tempos. Y no se sabe muy bien si la estulticia de uno, empeñado en el dislate y la afrenta de colisión, favorece o perjudica las expectativas electorales de todos. Lo que sí es claro es que acierta Rajoy con esta respuesta de consenso. Y es hora que los ultramontanos que hace de su espada sayo y dislate movieran ficha igualmente buscando un líder que reconduzca sus posiciones y sus discursos, amén de sentido de responsabilidad.

Abel Veiga es profesor de Derecho Mercantil en Icade.

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