Juan Carlos Iglesias, copropietario del Grupo Rías de Galicia

“Es inevitable arruinarse a lo largo de la vida”

Es hijo de los fundadores de Rías de Galicia, uno de los restaurantes más reconocidos de Barcelona. Estudió Derecho pero decidió dedicarse a los negocios. En 2011, los Iglesias se aliaron con los Adrià. Gestiona ocho restaurantes y factura 12 millones de euros.

Juan Carlos Iglesias, copropietario del Grupo Rías de Galicia
Juan Carlos Iglesias, copropietario del Grupo Rías de Galicia

Gestiona ocho restaurantes, tres con sus dos hermanos (Rías de Galicia, Espai Kru y Cañota), y el resto con Ferran y Albert Adrià (Tickets, Pakta, Bodega 1900, Hoja Santa y Niño Viejo), además de otros dos dentro de la Fira de Barcelona. Entre todos, cuenta con una plantilla de 250 personas, a las que añadirá cien más antes de que finalice 2016. Las contrataciones, explica Juan Carlos Iglesias, barcelonés de 47 años, se deben a las nuevos proyectos: el restaurante BellaVista, el exclusivo Enigma, que tendrá el tíquet más caro de España y será la joya de la corona del grupo; y una pulpería.

Pregunta. ¿No le da miedo abrir restaurantes?
respuesta. El mayor miedo fue cuando dimos el primer paso y abrimos Tickets con los Adrià; pero la ilusión de abrir tu primer negocio compensa los miedos. Con el segundo local te desdoblas y tienes la duda de si le dedicas el tiempo suficiente para que triunfe. Todo el mundo se cree más importante de lo que realmente es, y te das cuenta de que no eres imprescindible. La clave está en el equipo, no puedes crecer sin gente grande alrededor.

P. ¿Con la vena emprendedora se nace?

"Nuestros ejecutivos nos obligaron a crecer"

El BellaVista, un espacio de mil metros cuadrados que abrirá a finales de marzo del próximo año, lleva como eslogan “tu casa fuera de casa”, y pretende reproducir la paz y tranquilidad que una persona tiene en su casa. Esta filosofía la han desarrollado con la ayuda de psicólogos.
“Lo primero hay que dar bien de comer, habrá una zona de sopas que te puedes llevar a casa o tomar en el restaurante; otra de desayunos, donde ofreceremos lo mejor de Barcelona, el mejor cruasán o la mejor ensaimada, daremos de comer hasta la cena”, explica Iglesias.

El espacio simulará un pueblo, donde “dejarse querer”. Para ello, afirma el empresario, es necesario tener un equipo de profesionales potente. “Crecemos porque ponemos al frente del equipo a ejecutivos que te obligan a seguir creciendo”. Y explica que lo único que le mueve, en estos momentos, es buscar la felicidad, “es una necesidad”.

R. Abrir negocios es algo que llevas dentro, aunque intentes oponerte a tu propia esencia, acabas cayendo en la insensatez, porque el emprendedor es imprudente por naturaleza, y solo estos se atreven a hacer cosas. Conozco a gente que por miedo no arriesga, afortunadamente no todo el mundo es igual. Pero en los negocios hay que reflexionar. Por ejemplo, nuestro restaurante Cañota es divertido, está siempre a reventar y genera beneficios. Y a veces surge la pregunta, ¿por qué no tenemos varios Cañota, uno para cada hermano y vivimos bien? Pero eso no nos gusta, preferimos meternos en proyectos complejos.

P. ¿Como en el local que van a abrir en la calle Enrique Granados?

R. BellaVista será complejo, al final haces cosas porque crees que quieres hacerlo, y el hecho de ser tres hermanos nos facilita las cosas. La calidad de mi vida está en manos de mis hermanos, y al revés.

P. ¿Se nace siendo emprendedor?

R. Adrià es un apellido que nos ha dado respeto a todos los niveles, incluido en el trabajo, de cara a los demás. Ni siquiera destaco el aprendizaje porque nadie te regala semejante calidad de respeto. Aprendes de mucha gente pero el respeto te lo dan pocos. Nosotros a ellos les hemos dado tranquilidad y confianza.

P. ¿Qué han aportado los hermanos Adrià a este proyecto?

R. Adrià es un apellido que nos ha dado respeto a todos los niveles, en el trabajo, de cara a los demás... Ni siquiera destaco el aprendizaje porque nadie te regala semejante calidad de respeto. Aprendes de mucha gente pero el respeto te lo dan pocos. Nosotros a ellos les hemos dado tranquilidad y confianza. A Albert hay que dejarle libertad, y Ferran es una bestia en creatividad, cuando entras en su círculo no paras, pierdes el miedo a intentar las cosas, pero con los pies en el suelo.

P. ¿Son ahora los amos del Paralelo?

r. Es el barrio el que nos deja tener protagonismo. Éramos un oasis en un desierto, notábamos cierta desintegración, pero al abrir más locales decidimos convertirnos en la piel del barrio, y ahora todo lo antiguo se siente de la zona. Hemos conseguido que la gente respete el Paralelo.

P. ¿No tienen miedo a arruinarse? Ya les pasó con Rías de Galicia.

R. Es inevitable que a lo largo de la vida las cosas vayan mal. A pesar de que no quieres que suceda esto, no controlas el entorno, los procesos políticos, las crisis económicas, ni sabes cómo vas a aclimatarte a tu entorno.

P. ¿Alguna receta para salir de esta situación?

R. Nuestra forma fue reinventándonos, pasamos de un modelo de restaurante que no funcionaba a un modelo, como Cañota, descomunal. Cuando hicimos esa transformación la gente nos preguntaba cómo hacerlo en sus negocios, cómo hacer que tuvieran éxito. Es un trabajo más de psicólogos que de empresarios, para montar el nuevo negocio consultamos con psicólogos.

P. ¿Puede explicarlo? 

R. Queríamos saber cómo funciona el proceso de la felicidad. Qué mensaje hay que transmitir a una persona para que sea feliz. Es algo atípico pero a la felicidad máxima se puede llegar desde la psicología, trabajando el mensaje que queremos transmitir, cómo hacer las cosas de manera diferente. Hay que aplicar la filosofía y la psicología. Y respetar a los que trabajan contigo. Una mente creativa como la de Albert Adrià necesita de constantes cambios.

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