Editorial

Las cuentas que cierran la crisis

El Congreso de los Diputados aprobó ayer los quintos y últimos Presupuestos del Gobierno que pilota Mariano Rajoy. Unas cuentas que han salido adelante con críticas de la oposición y divergencias numéricas con Bruselas. La Comisión Europea prevé un déficit público en 2016 superior al que espera el Gobierno, cuyos números apuestan por un objetivo del 2,8% del PIB frente al 3,5% que augura Bruselas. Se trata de una brecha importante, lo que unido a un escenario político tras las elecciones generales en el que puede haber ausencia de mayorías absolutas, hace pensar en que las cifras aprobadas ayer pueden ser retocadas.

Los Presupuestos para el año que viene tienen, en cualquier caso, un perfil sustancialmente diferente al de las cuentas públicas de los últimos ejercicios. Por un lado, se nutren del éxito de las medidas de austeridad aplicadas durante los peores momentos de la crisis, esto es, de los recortes y sacrificios que ha tenido que asumir la ciudadanía en estos años. Por otro, son los Presupuestos de la compensación, dentro del margen que permiten los números, de un esfuerzo sustentado por todos los españoles. Ello ha sido posible gracias a la combinación de tres factores que han inyectado oxígeno a las cuentas: la reducción de las prestaciones por desempleo, el ahorro derivado de la rebaja de los intereses de la deuda y el incremento de la recaudación fiscal.

La prueba más llamativa de todo ello está en el colectivo de funcionarios, que tras haber sufrido una severa cura de austeridad en los presupuestos anteriores recupera en estos casi la práctica totalidad del recorte salarial que se les aplicó y ve aumentada la tasa de reposición de puestos de trabajo. También la partida destinada a pensiones crece –un 0,25%– tanto en contributivas como no contributivas. Otro tanto sucede con la inversión pública, aunque en menor medida –aumenta un 0,9%– al igual que con las comunidades autónomas, la sanidad, educación, cultura o dependencia, entre otras áreas.

Las cuentas aprobadas ayer, que se ejecutarán ya en la siguiente legislatura, dibujan la radiografía de un país que ha dejado atrás la crisis y encara una recuperación cada vez más sólida, pero todavía no consolidada definitivamente ni exenta de riesgos. España arrastra aún consigo importantes lastres y cicatrices, entre ellos, una enorme masa de desempleados que el sistema tardará un tiempo considerable en absorber, un elevado nivel de deuda pública y una Seguridad Social cuya sostenibilidad en el futuro sigue siendo una asignatura pendiente. Todos ellos son problemas que no empañan los incuestionables logros alcanzados, pero que marcarán el tono de las siguientes legislaturas y los retos que la economía española deberá asumir y afrontar en los próximos años.

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