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Columna
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Burberry, sin abrigo para el frío

Burberry parece mal vestida para los fríos vientos de esta temporada. Las acciones de la etiqueta de la moda británica cayeron un 12% en la mañana en que informó de un escaso crecimiento del 2% en sus ventas en la primera mitad del año con respecto al anterior.

El gran problema es que Burberry está equipado para un mundo en el que China todavía crece rápidamente. La situación en el gigante asiático es particularmente dolorosa. Ese país genera entre el 30% y el 40% de las ventas de Burberry. Solo Hong Kong cuenta con 17 tiendas. Las ventas allí se desaceleraron aún más en los tres meses que terminaron el 30 de septiembre, tras un descenso de dos dígitos en el primer trimestre. La devaluación del yuan de agosto y el colapso de los mercados de valores chinos durante el verano han hecho mella en la confianza de los ricos del país.

Los compradores de artículos de lujo chinos siguen gastando en Europa –pero la fuerte presencia de Burberry en Reino Unido no está en una posición ideal cuando se está derrochando en Italia, Francia y España con el respaldo de un euro más barato–. Y la otra región en la que Burberry ha plantado su bandera a cuadros –Estados Unidos– ha resultado desigual.

¿Es hora de un nuevo look? No será fácil. Las promesas para frenar los costes variables de unos 20 millones de libras (unos 27,24 millones de euros) son ínfimas. Burberry contaba con márgenes de Ebitda de alrededor de un 23% el año pasado, de forma similar a sus grandes rivales.

Eso deja las opciones de aguantar la desaceleración de China o empaquetar algunas de esas gabardinas personalizadas y cambiar las tiendas a otra parte. Incluso si el mercado sigue creciendo, ahora incluye una volatilidad que no estaba allí antes –algo enormemente inútil para los minoristas que deben decidir dónde colocar las tiendas físicas–. Ese es precisamente el tipo de cambio que las empresas de moda que venden de bienes de lujo no necesitan.

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