Tribuna

La Fed, los tipos y el esparadrapo

Las apuestas a favor de que los tipos de interés estadounidenses subirían este mes no eran superiores al 30% y sin embargo, habiendo respondido a una salida mayoritariamente esperada, queda una sensación de desasosiego. ¿Por qué?

Intentando racionalizar esa emoción, los análisis destacan la incertidumbre generada por las dudas que interpretan en las explicaciones que ofreció la Reserva Federal: “Si no lo tienen claro a pesar de estar tan cerca –al menos estadísticamente– de cumplir con su primer y principal objetivo del pleno empleo, es que algo más serio está ocurriendo en la economía mundial y temen desencadenar una tormenta”. Con los matices que se desee, un razonamiento como este puede representar bien el sentimiento que quedó dibujado tras la reunión.

La influencia de la reacción de los mercados en el ánimo económico es enorme a corto plazo y el ambiente se ha envenenado algo más de lo que estaba y esa será su herencia hasta la reunión de octubre (días 27 y 28), la penúltima de 2015. Dice el premio Nobel de Economía de 2013 Robert Shiller, cuya última obra tiene como coautor a George Akerlof, a la sazón esposo de la también economista y actual presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, que el mercado bursátil norteamericano está en su momento de mayor sobrevaloración desde el año 2000, al tiempo que el Deutsche Bank destaca en sus análisis que los bonos soberanos están más caros de lo que nunca han estado. Difícil panorama ya de por sí para los inversores, como para que la gran Reserva Federal los estrese todavía más. Entonces, ¿qué va a hacer la Fed?, se preguntará. ¿Se refiere de además de subir los tipos? Es broma. Los tipos los tiene que subir. De eso no hay duda. Y cuanto antes, mejor.

La economía mundial flojea porque China y otros emergentes flojean, pero ni es algo imprevisto ni tan reciente como para justificar ahora que los tipos no empiecen a regresar al nivel donde como promedio tienen que estar, que es algo parecido al crecimiento del PIB nominal.

Y ni siquiera eso. Hay preocupación por el ritmo moderado del crecimiento mundial –aquí además sumamos el muy serio problema de Cataluña y las posibles alianzas tras las generales de diciembre– pero nada impide que más pronto que tarde comience el ajuste que los norteamericanos llevan tiempo anunciando. Es posible que haya revisión de expectativas y que ahora se descuente un ritmo más sosegado –de hecho, los futuros de los fondos federales descuentan ahora cero alza en 2015, dos en 2016, otras dos en 2017 y una en 2018– y casi podemos asegurar ahora, sin mucho miedo a equivocarnos, que así no será. ¿Cómo será entonces?

Los mercados le han cogido gusto a vivir en el mundo del forward guidance y aunque se les ha dicho que ese chollo de conocer el resultado antes de celebrar el partido se tiene que acabar, se han vuelto tan dependientes que no es asunto fácil retirar la droga de golpe. Es más que posible que la verdadera duda de la Reserva Federal esté ahí, en cómo hacer la subida.

Si en todas y cada una de las reuniones hasta 2018 vamos a estar como el pasado jueves, es posible que más pronto que tarde la renta variable deje de estar tan sobrevalorada como dice Shiller y la deuda soberana tan cara como dice el Deutsche, de modo que si se trata de eso… Pero si no es el caso y de lo que se trata es de ajustar los tipos a donde deben de estar, ¿por qué no mejor hacerlo de un tirón, como cuando te arrancan un esparadrapo de la piel? Después, ya veremos. No descartemos algo como esto: tres alzas en una y cubierto el cupo, a esperar. Al fin y al cabo, la regla de Taylor es mucho más exigente. ¿Y el dólar? ¡Hombre por Dios! Si la Fed hace eso, ¡apreciarse!

José Manuel Pazos Royo  es socio director General de Omega IGF.

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