La fuga de capitales es un riesgo reconocido por la Generalitat

Corralito, euro y otras dudas sobre la financiación catalana

Para las entidades financieras, el mayor problema en caso de ruptura sería no tener acceso directo al BCE

Sede del BCE en Fráncfort.
Sede del BCE en Fráncfort.

1. ¿El corralito es un riesgo real?
Los analistas ven poco probable que el Gobierno que salga de las urnas del 27S declare la independencia. Y, en caso de que ello se produjera, dudan de que el proceso acabaría con la constitución de un nuevo Estado en la medida en que el Gobierno central lo evitaría. Sin embargo, si este escenario fuera una realidad, el riesgo de un corralito, es decir, de una salida masiva de capitales que obligara a las autoridades a restringir el acceso a la liquidez de particulares y empresas, no sería descartable. El propio Consejo Nacional para la Transición Nacional advierte de esa posibilidad. “La estrategia del Gobierno español de crear resistencia y respuesta ciudadana en Cataluña puede llegar a crear una situación de gran inestabilidad financiera (incluida la posibilidad de un corralito)”, señala en un informe publicado en diciembre de 2013. El grupo de expertos escogidos por la Generalitat recomienda que el Gobierno catalán “prepare un plan de contingencia para mantener la liquidez del sistema económico, si es posible con la colaboración de instituciones exteriores”. Así, la hipótesis de que el proceso desemboque en un corralito ha sido analizada en el seno de la Generalitat de Cataluña.

El Consejo Asesor para la Transición Nacional también señala en su informe que, para minimizar el riesgo de la salida de capitales, las autoridades catalanas deberían “invitar a las instituciones europeas a actuar como mediadoras en este proceso”. El problema de la tesis soberanistas es que Bruselas no se muestra dispuesta a jugar este papel.

Nada impide que un país adopte el euro como moneda, el problema es el acceso a la financiación

El documento de la Generalitat en el que alerta del riesgo de un corralito sirve de argumento a los unionistas para atraer a los votantes indecisos –que según el último sondeo del CIS suman el 16,5% del electorado– hacia las posturas contrarias a la independencia. Los que todavía no tiene decidido su voto serán claves en estas elecciones que, se prevén muy ajustadas.

2. ¿Se podría utilizar el euro en una cataluña independiente?
Una cosa es la Unión Europea y otra la zona euro. En caso de declaración unilateral de independencia, es decir, una ruptura no negociada, todo apunta a que Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea y también de la eurozona. Nada impide que un país adopte como moneda propia el euro, aunque sin capacidad de decisión sobre la política monetaria. Es decir, no participaría en el Eurogrupo, el Banco Central Europeo o los fondos de rescate como el MEDE.

El comunicado de la patronal bancaria marcará la última semana de campaña

Existen dos grupos dentro de los países que, sin formar parte de la zona euro, utilizan la moneda única. Por un lado, se encuentran Estados como Mónaco, Vaticano, San Marino y Andorra, que tienen un acuerdo monetario con la Unión Europea. “Estos territorios no forman parte de la eurozona, pero tienen derecho a adoptar el euro como moneda oficial y acuñar monedas de curso legal en la eurozona”, explicó Bruselas tiempo atrás y después de que Artur Mas declarada que una Cataluña independiente seguiría en el euro. Otro bloque de países que utilizan la moneda única sin estar dentro de la zona euro son Kosovo y Montenegro. Ambos países decidieron unilateralmente adoptar la divisa comunitaria cuando se introdujo en 2002 (antes utilizaban el marco alemán). “Estos territorios usan de facto la moneda única pero no son parte de la eurozona, lo que significa que tienen que comprar los billetes y monedas a través de bancos comerciales y tampoco tienen representación en el BCE, el Eurogrupo o el MEDE”, aclaró Bruselas.

Las fuerzas soberanistas insisten en este punto que ante una hipotética independencia, las autoridades comunitarias serían pragmáticas y se negociaría para que, en el peor de los casos, el Estado catalán tuviera un estatus similar al de Mónaco o Andorra. Sin embargo, los contrarios a la independencia alertan de que lo más probable es que Cataluña formaría parte del bloque de Kosovo y Montenegro.

3. ¿Tendría la banca catalana acceso al BCE?
Otra de las grandes incertidumbres que envuelven el proyecto de Junts pel Sí es qué sucedería con los bancos catalanes ante una declaración unilateral de independencia. Los analistas, y ello lo reconoce la propia Generalitat, alertan de que las entidades bancarias con sede en Cataluña no tendrían acceso directo al crédito del Banco Central Europeo porque dejarían de pertenecer a un país de la zona euro. Otro problema adicional, también reconocido por la Generalitat, es que “los activos financieros emitidos en Cataluña (incluida la deuda del nuevo Estado) no podrían ser utilizados como colateral de las operaciones de crédito del BCE”. Para evitar estos perjuicios, Cataluña debería, como mínimo, alcanzar un acuerdo con Bruselas para gozar de un estatus similar al de Andorra o Mónaco. Para ello, requeriría la mayoría absoluta del Consejo Europeo, un trámite complicado en la medida en que los Estados miembros no se muestran dispuestos a apoyar la secesión dentro del territorio de un socio comunitario.

Las principales entidades financieras catalanas, con CaixaBank y Sabadell a la cabeza, confían en que nunca se encontrarán ante la encrucijada de decidir si ubican la sede en España o en un nuevo Estado catalán. La patronal bancaria AEBy CECA, que integra CaixaBank, Santander, BBVA, Bankia, Sabadell o Popular, emitió este viernes un comunicado en el que alertó de los “riegos para la estabilidad financiera” de una “ruptura unilateral del marco constitucional”. Las entidades financieras se posicionaron de forma inequívoca por primera vez en el debate soberanista catalán y defendieron que una declaración unilateral de independencia generaría “inseguridad jurídica”. En su opinión, esta situación “obligaría a las entidades a reconsiderar su estrategia de implantación, con el consiguiente riesgo de reducción de la oferta bancaria y, con ello, de exclusión financiera y encarecimiento y escasez del crédito”.

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