Tribuna

De juventud y vejez

Cuando en estos días veraniegos veíamos por la pantalla a jóvenes participantes de estos Juegos Europeos, finalizados hace un poco más de un mes, alzarse con la medalla correspondiente (fruto de la valentía, esfuerzo y coraje que en esos años se tienen), no acertábamos a elegir las palabras apropiadas para describir con exactitud lo que aquellas personas podrían estar sintiendo en esos momentos. ¿Una plena satisfacción?; ¿una inmensa alegría? Como, cuando, por ejemplo, alguno de nuestros hijos (en nuestro caso particular, una sobrina), tras haber estudiado lo suyo, lograra la recompensa merecida en las pruebas de acceso a la universidad (PAU) para el estudio de la carrera preferida.

No es nuestra intención desanimar a todos aquellos jóvenes que, por una razón u otra, se preparan para el cometido que desean y, en el que, con toda seguridad, el día de mañana desarrollen su actividad social con dignidad y profesionalidad. Nosotros, los que ya tenemos unos años, también hemos vivido estos episodios de optimismo y gran energía que no nos quitaba nadie. Hoy, sin embargo, tras haber disfrutado unas épocas maravillosas en el pasado, estamos siendo víctimas de la grave crisis económica que padecemos y que, a cada uno de nosotros, nos afecta en diferentes ámbitos. Lamentablemente queda a nuestro lado el asunto griego, el corralito recién instaurado, la fuerte caída de las bolsas desde 2012 y la posible volatilidad de los mercados hasta ver la solución (¿definitiva?) tras el próximo referéndum.

Convivir con la realidad no es nada fácil. Frente a los ideales de aquellos años de juventud, diversos son los problemas con los que nos encontramos a lo largo de la vida. Una cosa es seguir por el sendero trazado y otra muy distinta es vivir el duro presente. Muchos son los caminos que se entrecruzan en nuestro destino, haciendo variar, de forma deseada o no, la trayectoria planteada al inicio.

Los que nacimos en la década de los años sesenta del pasado siglo ya nos enfrentamos con un futuro de lo más incierto. Pensar en unos años de descanso y de jubilación merecida tras nuestros años de trabajo es de lo más lógico. Sin embargo, la seguridad de nuestras pensiones es más insegura que nunca; al menos, al nivel en que se encuentran hoy. Lo que nos temíamos desde hace tiempo, el hecho de que no fuera a haber recursos suficientes para este fin, cada vez está más cerca; para nosotros y, en especial, para los que llevan en el mercado laboral poco tiempo.

Mucho se habla hoy en día del tema del ahorro (en especial, del complementario al sistema público de pensiones), de la planificación adecuada para el día de mañana o de las reformas a emprender. Lo cierto es que pese a ellas, que ya son varias, las perspectivas no están más claras de lo que estuvieron décadas atrás. En 1985 comenzaban aquellas, aumentando el periodo de cotización de 10 a 15 años y ampliando también el número de años para el cómputo de la base reguladora (de 2 a 8, previos a la edad de jubilación). En la década de los noventa se volvería a incrementar el periodo de regulación a 15 años y se crearía el Fondo de Reserva (la conocida hucha de las pensiones). Finalmente, las reformas emprendidas en los años 2011 y 2013 traerían consigo un progresivo aumento de la edad de jubilación, un aumento del periodo de cotización hasta 25 años, un endurecimiento en el acceso a jubilaciones anticipadas, la aplicación del factor de sostenibilidad, etcétera.

Las declaraciones de Linde sobre este tema, por mucho que duelan (en especial, a la clase política), son certeras. Ya lo sabemos; cuando se es joven, pensar en estos asuntos no es un tema prioritario. Para Woody Allen, en cambio, el futuro sí que es importante: “me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”.

Las proyecciones demográficas a unos años vistas son las que son y no se pueden cambiar. La relación entre trabajadores y pensionistas descenderá en los próximos años. La baja natalidad existente, el aumento de la esperanza de vida, la ausencia de relevo generacional o las altas cifras de paro de nuestro país, son factores que hacen inevitable una reforma en profundidad del actual sistema de pensiones. Las abonadas hoy por la Seguridad Social serán insostenibles en un futuro próximo. Por favor, no se deje llevar por criterios electoralistas. Si usted no cuenta con ninguna cobertura adicional al respecto, podría llevarse una desagradable sorpresa.

Fernando Ayuso es economista.

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