Antonio Muiños, propietario de Porto-Muiños

“Nos ha costado que las algas sean aceptadas”

"Nos dijeron que no era un negocio viable, pero queríamos intentarlo"

"Tuvimos que invertir en maquinaria para su tratamiento"

“Nos ha costado que las algas sean aceptadas”

Ha hecho del fondo del mar su vida y su negocio. La necesidad de reconvertir una pequeña conservera, dedicada al envasado de setas, fue lo que llevó a Antonio Muiños, nacido en Santa María de Vigo (A Coruña) hace 52 años, y a su esposa Rosa Mirás a investigar en el tratamiento de las algas. Así fue cómo en 1998 nació Porto-Muiños, una empresa familiar dedicada sobre todo a comercializar algas frescas y deshidratadas. La entrevista tiene como escenario el restaurante madrileño Al Trapo, donde Muiños fue invitado, por el chef Paco Morales, a cocinar con algas.

El 30% de la producción se vende fuera

En el primer trimestre, Porto-Muiños ha tenido un crecimiento en las ventas del 10%. El 30% de la producción se exporta a países, como Alemania, Inglaterra, Francia... “A nivel internacional se ha generado una mayor cultura en el consumo de algas que en España”, explica Antonio Muiños, que reivindica el consumo de algas en la dieta diaria, al ser un alimento completo, ya que contiene vitaminas y minerales. “El alga se alimenta por todo su cuerpo y es rica en hierro, vitamina C..., además ahora la gente está cada vez preocupada por mantener una alimentación sana y equilibrada. La verdadera innovación es que la gente las use en la cocina de casa”.

La siguiente generación de Porto-Muiños ya está en marcha:su hija, Alexandra ha terminado los estudios de Dirección de Empresas, y colabora en temas de administración; y Antón es buzo profesional.

Pregunta. ¿Siempre tuvo vena emprendedora?
Respuesta. Ser de un pequeño pueblo te marca el carácter, te hace ser más extrovertido para buscarte la vida. Siempre he tenido inquietud por montar cosas. Empezamos con unas granjas de setas, que en Galicia no se consumían, y decidimos generar conocimiento sobre su cultivo. Para el excedente de producción creamos una conservera. Y para darle un mayor rendimiento buscamos un hueco, una alternativa con algún producto de Galicia, tanto de tierra adentro como en el mar.
P. ¿Cómo deciden que hay nicho de mercado en el mundo marino?
R. Preguntamos en la Universidad de La Coruña si existía algún tipo de investigación sobre la utilización de las algas en gastronomía. Nos dijeron que era complicado, que no era un negocio viable, pero que habían realizado un trabajo, y les dije que si nos enseñaban algo del estudio lo intentaríamos.
P. ¿Qué querían probar?
R. Que nos enseñaran cosas y aprender. Fue hace 16 años, no había nada sobre este tema. Cuando planteas que vas a recoger algas para alimentación, hay que pedir permisos a la administración. Un año tardaron en darnos autorización para experimentar con algas en conserva. Cada vez que hacíamos pruebas había que iniciar los trámites.
P. Tuvieron que tener paciencia.
R. Mucha. Hubo que pensar todo muy bien, desde cómo presentar las conservas, a cómo hacer los dibujos, al diseño de los envases blancos, a la idea de añadir una receta en la lata. Empezamos poco a poco, primero con un alga llamada wakame, el grelo del mar. Ahora tenemos 32 verduras marinas.
P. Peroencontraron el camino.
R. Sí, pero creo que más que pioneros somos impulsores, aunque este trabajo no se habría hecho sin el mundo de la cocina. Cada vez que queremos incorporar una nueva especie, hay que hacer un estudio biológico para que sea sostenible, hacer analíticas, que las prueban los cocineros... Comercializamos una nueva especie después de hacer investigación. En paralelo, comenzamos a industrializar el envasado de las algas. Tuvimos que invertir en maquinaria para su tratamiento, como por ejemplo, una lavadora específica de algas. Se ha generado toda una cultura en el mundo de las algas, algo que ha costado años. Tenemos una producción de 300 toneladas al año.
P. ¿Cómo las introducen en los lineales de las grandes superficies?
R. A través de la alta gastronomía, pero tuvimos que invertir en conocimiento, en formar sobre cómo utilizar las algas. A partir de ahí, ha habido empresas que nos han copiado sin haber aportado nada. Queda mucho por hacer porque la mayoría de la gente no consume todavía algas. Pasa lo mismo que ocurrió con las setas, que hace años eran unas desconocidas y ahora todo el mundo las toma. La gente empieza a saber lo que es el espagueti del mar o el ramallo, y a encontrar el alga correcta a la hora de hacer una comida. Es el momento de hacer esfuerzos para mejorar los procesos industriales.
P. ¿Están satisfechos de lo que han logrado hasta ahora?
R. Recogemos más de 20 especies en la costa, el resto en cultivo, ahí también investigamos en cómo cultivarlas, ya que tiene que ser en cuerdas verticales. Todo esto lo hemos hecho en colaboración con la Universidad y el Oceanográfico de Santander. Por ejemplo, temas como a qué altura hay que cultivarlas te genera inquietud, nos llevó seis años de investigación. Hemos hecho un gran esfuerzo en investigar la forma de cultivar las algas. Además, la recogida se rige por los mismos permisos que el marisqueo, y la solicitud es sobre el número de kilos que se van a obtener a lo largo del año, el número de personas que participarán de la recogida... todo está controlado.

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