Editorial

Mario Draghi marca la senda para Grecia

El Banco Central Europeo dio ayer un espaldarazo financiero a Grecia –aunque con límites– al decidir ampliar en 900 millones de euros la asistencia de liquidez de emergencia (ELA) para la banca helena. Mario Draghi respaldó también de forma explícita la permanencia del país en el euro al despejar con un contundente “Grecia es y seguirá siendo” parte de la eurozona la hipótesis de la salida de Atenas de la moneda única. El presidente del BCE se desmarcaba así del duro discurso que han mantenido durante el conflicto Alemania y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y abogó por debatir en las próximas semanas una fórmula para aligerar el peso de la deuda del país.Pese a ello, Draghi dejó claro que el BCE ha decidido ampliar la liquidez a la banca griega, pero no lo ha hecho de forma “incondicional”. En otras palabras: el mantenimiento de esa decisión está supeditado a que el Gobierno de Alexis Tsipras cumpla con todos los compromisos que ha adquirido con sus socios europeos. La respuesta del BCE es coherente con el cambio de signo que ha experimentado la crisis griega en las últimas semanas. Tras la aprobación ayer por parte del Parlamento heleno del paquete de reformas económicas exigidas a Atenas como requisito para comenzar a negociar el tercer rescate, parece razonable proporcionar al sistema financiero griego un oxígeno sin el cual no puede seguir respirando. En la misma línea, el Eurogrupo ha aprobado un crédito puente de emergencia –por valor de 7.000 millones de euros– para que el país pueda hacer frente a sus compromisos más inmediatos: un vencimiento de deuda por valor de 3.500 millones el próximo lunes y el saldo de los atrasos debidos al FMI, de unos 2.000 millones de euros. 

Tras la decisión de Draghi de aumentar la liquidez a la banca griega, las entidades financieras helenas podrían volver a abrir sus puertas tras dos largas semanas de férreo ayuno, aunque es probable que se mantenga el control de capitales. Aun así, Atenas tiene por delante un camino lleno de escollos antes de cerrar los términos del tercer rescate, que incluyen la aprobación de un segundo paquete de reformas antes del 22 de julio, la ratificación en siete países europeos –entre ellos Alemania– de la decisión de negociar la ayuda financiera, así como el reto de gestionar con éxito la profunda ruptura que la crisis ha generado en el Gobierno y en el propio Syriza. Una gestión que no solo depende de la habilidad política de Tsipras, sino también del apoyo que este reciba de sus socios y acreedores. En esa difícil ecuación, la decisión de Draghi de abrir el grifo y abogar por renegociar la deuda –de forma condicionada al cumplimiento de los compromisos por parte de Atenas– puede ser un buen modelo a seguir.

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