Editorial

El rescate definitivo de Grecia y de Europa

n alto funcionario de la Unión Europea resume desde hace décadas la velocidad de crucero del proyecto monetario europeo, sus crisis endémicas y sus soluciones de urgencia en las madrugadas bruselenses con una frase que ahora ha vuelto a darle la razón: “No lo vamos a arreglar nunca, pero nunca lo estropearemos del todo”. Esa misma sensación tenían los ciudadanos europeos con la crisis griega, a pesar de las amenazas de exclusión, por parte de unos y de otros, de la economía helena del euro: la única salida era un acuerdo tanto para Grecia como para sus socios, puesto que una vez integrada en la zona monetaria común es muy complicada una salida, y porque puede desatar un lento efecto dominó que dé al traste con el que pasa por ser el invento más revolucionario de integración social, económica y política de la atribulada historia del Viejo Continente. Europa sabe que no puede excluir a Grecia. Y Grecia también sabe que no puede ser excluida. De serlo, el principio de unidad y solidaridad comunitaria quedaría en cuestión, con responsables políticos directos muy concretos, lo que supondría el principio del fin del sueño europeo.

Por ello, la madrugada del lunes, tras 17 horas de tiras y aflojas, y solo tres minutos antes de que abriesen los poderosos mercados financieros, Bruselas anunció un acuerdo aprobado por unanimidad: Grecia pondrá en marcha reformas inmediatas, tan inmediatas como esta misma semana, para que la próxima puedan comenzar a negociarse los términos de un tercer rescate por 89.000 millones de euros en el que participará también el Fondo Monetario Internacional. La dureza de las exigencias de Europa con Grecia es desconocidamente extrema, y la celeridad de su aprobación es solo una condición impuesta por la desconfianza acumulada en Europa con sus socios helenos, agravada por el referéndum que el primer ministro, Alexis Tsipras, convocó hace 15 días a sus conciudadanos.

Además de las reformas inmediatas de pensiones e IVA, así como la del sistema judicial, Europa impone la creación de un fondo fiduciario de inspiración germana para depositar todos los activos públicos del Estado griego y que, con supervisión europea, responda como aval del tercer rescate. Sus ingresos por dividendos o por la venta de activos irán obligatoriamente a cubrir parte del rescate. Además de suponer una cesión de soberanía desconocida en la Unión Europea, este fondo se suma a una serie de cesiones mucho más dolorosas que las que el pueblo griego rechazó en su día en el referéndum del 5 de mayo. Si convirtió a Alexis Tsipras en un primer ministro con el apoyo del todo el país, le ha debilitado ante sus socios y ahora tendrá muy complicado explicar, defender y aprobar en Atenas sus cesiones. No son sino fruto de la desconfianza generada tras años de engaños de Grecia a sus socios: desde la entrada en el euro con los números falseados hasta la negativa a hacer todas las reformas a las que sucesivamente se comprometían hasta que cobraban el cheque del primer rescate, del segundo... En el tercero, las reformas van por delante y hasta que no estén negro sobre blanco en la legislación griega, ni los países socios soltarán el dinero (España deberá poner cerca de 10.000 millones de euros en avales, que se suman a los 26.000 ya cubiertos) ni el BCE levantará las duras condiciones de financiación a una banca que sigue cerrada por tercera semana y que está paralizando la economía griega más de lo que ya lo estaba.

La negociación de los términos del tercer rescate será dura, pese a las cesiones que el Gobierno heleno ha hecho, y que bien podrían costar una nueva crisis política en Atenas y una ulterior convocatoria electoral. Una vez hechas las reformas que deben mediar para la entrega de parte del dinero, la UE debe tener la suficiente mano izquierda como para abrir una ventana por la que la sociedad griega pueda respirar. Pero debe ir acompañada de un compromiso real del Ejecutivo heleno, que debe hacer extensivo a toda la sociedad y al depauperado aparato productivo, para hacer los sacrificios hasta ahora burlados y sacar a su país adelante. Depende de ellos, con el permiso de los europeos. Y del éxito de una negociación razonable y una reacción comprometida en Grecia depende que este sea el rescate definitivo del país heleno y de toda Europa.

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