Grecia y Europa buscan una salida a la crisis

Tsipras se rinde: pide un tercer rescate a Europa y renuncia a sus condiciones

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, flanqueado por el ministro de  Presidencia Nikos Pappas (derecha) y el portavoz Gabriel Sakelaridis, abandona sus oficinas para visitar al presidente Prokopis Pavlopoulos, ayer en Atenas.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, flanqueado por el ministro de Presidencia Nikos Pappas (derecha) y el portavoz Gabriel Sakelaridis, abandona sus oficinas para visitar al presidente Prokopis Pavlopoulos, ayer en Atenas. REUTERS

La pinza formada por la zona euro de Angela Merkel y el Banco Central Europeo de Mario Draghi logró ayer que el Gobierno griego solicitase oficialmente al Mecanismo Europeo de Estabilidad un tercer rescate que mantendrá a Atenas bajo vigilancia de la troika (CE, BCE y FMI) durante otros tres años.

Tsipras se ha ahorrado firmar la carta de claudicación de su Gobierno, pero poco más. El primer ministro griego ha tenido que rendirse a la evidencia de que Atenas no podía sobrevivir por mucho tiempo tras la negativa de Europa a prorrogar el rescate anterior (que expiró el 30 de junio) y la decisión de Fráncfort de congelar la liquidez.

La misiva renuncia a todas las condiciones previas que había planteado Tsipras en peticiones anteriores, como las excepciones para la aplicación del IVA en las islas o los plazos para retirar ciertos complementos de las pensiones más bajas. En lugar de demandas, Atenas se compromete a anunciar “a principios de la semana que viene” las primeras “medidas relaciones con la reforma fiscal y las pensiones”, eufemismo para subidas de impuestos y recortes de prestaciones, respectivamente.

Grecia tampoco supedita ya la petición del rescate a una reestructuración de la deuda. La solicitud se limita a “dar la bienvenida a la oportunidad de explorar las medidas que potencialmente se podrían adoptar para hacer que la deuda con los acreedores públicos [zona euro] se vuelva sostenible y viable en el largo plazo”.

El último cambio de la carta es la rúbrica. Ya no figura la de Tsipras, como en las dos de finales de junio, sino la del nuevo ministro de Finanzas, Euclid Tsakalotos.

Los técnicos del Eurogrupo (ministros de Economía de la zona euro) acusaron ayer recibo de la petición de Atenas, primer paso del procedimiento para la concesión de un nuevo rescate. Pero Grecia no tendrá fácil cubrir el resto de los trámites.

Hoy mismo, según el calendario previsto, deberá detallar las reformas y ajustes que llevará a cabo en los próximos meses. Y la semana que viene deberá adoptar las primeras medidas tributarias, con previsibles subidas del IVA, y los primeros ajustes a las pensiones, con el objetivo de alcanzar un ahorro de unos 900 millones de euros en cada uno de los dos capítulos.

Bruselas evaluará las propuestas del Gobierno de Tsipras y las someterá a la aprobación del Eurogrupo, que tiene previsto celebrar otra reunión extraordinaria el próximo sábado. Si los ministros dan el visto bueno al plan de Tsipras, el brote actual de la crisis griega podría entrar en vías de remisión. Una cumbre extraordinaria de la zona euro aprobaría el domingo el tercer rescate y, según explicó la canciller Angela Merkel tras la cumbre del martes, se facilitaría financiación urgente a Atenas para que salde sus cuentas más inmediatas (6.700 millones con el BCE y 1.500 millones que adeuda al FMIdesde junio).

‘Grexit’ o ‘Grimbo’

Pero nadie en Bruselas se atreve a descartar el escenario contrario si las reformas y ajustes de Atenas no convencen al resto de capitales. En algunos países, de hecho, el viento sopla en contra de un acuerdo, aunque no parecen contar con la mayoría suficiente para forzar una decisión tan drástica como la ruptura de la Unión Monetaria.

Francia proclamó ayer su intención de evitar ese desenlace y cuenta con el apoyo de hasta nueve socios para lograrlo. En el bando contrario militan varios países del norte de Europa, secundados por una parte del Gobierno alemán. Merkel se reserva su decisión final y se ha convertido en el fiel que puede inclinar la balanza en el sentido del Grexit o del Grexin.

La salida del euro, sin embargo, parece imposible, por las dificultades legales, políticas y económicas que plantea. Más plausible sería el Grimbo, como definen algunos analistas, la posibilidad de que Grecia se quede en un limbo con papel de pago denominado en euros pero sin acceso a la divisa europea.

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