El Eurogrupo decide esperar a que pase la consulta para seguir negociando

Varufakis dimitirá si gana el ‘sí’ en el referéndum del próximo domingo

Asegura que prefiere “cortarse un brazo” antes que firmar acuerdos sin reestructuración de la deuda

Tsipras afirma que la votación dará al Ejecutivo heleno una posición reforzada para negociar el lunes

Madrid / Bruselas
El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis.
El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis.

El ministro griego de Finanzas, Yanis Varufakis, ha asegurado que presentará su dimisión en caso de que el resulte finalmente vencedor en el referéndum que celebrará el próximo domingo Grecia sobre las propuestas que le plantean sus acreedores internacionales, aunque ha expresado su confianza en que sus compatriotas votarán mayoritariamente no en la consulta.

“No continuaré como ministro”, afirmó Varoufakis al ser cuestionado en una entrevista con Bloomberg sobre las consecuencias de una victoria del , aunque expresó su disposición a “colaborar con quien desde el parlamento tenga que afrontar la crisis de deuda del país” y aseguró que, incluso si llegase a producirse su salida del Gobierno, no tiene planes de abandonar el país y ejercerá sus responsabilidades como diputado.

“Cuando vas a una batalla no hablas de la derrota”, sentenció el ministro griego de Finanzas, quien reiteró su llamamiento a los griegos para no seguir “aplazando y fingiendo” y poder acometer una verdadera reforma del país a través de una reestructuración de la deuda.

En este sentido, Varufakis dijo preferir “cortarse un brazo” antes que firmar con los acreedores del país cualquier acuerdo que no contemple una reestructuración de la deuda y recordó que el programa aplicado en Grecia por el FMI, el BCE y la CE se ha mostrado como uno de los mayores fracasos de la historia económica mundial.

La saga griega vivió ayer el capítulo más esquizofrénico de esta temporada. Grecia se rindió por la mañana a las exigencias de la troika (CE, BCE y FMI) con una carta del primer ministro, Alexis Tsipras, en la que aceptaba prácticamente todas las demandas de los acreedores, desde los recortes de pensiones a las subidas del IVA, pasando por “la liberalización del mercado de los gimnasios”.

Horas después, ante el rechazo de la zona euro a debatir un nuevo rescate en base a una carta de Tsipras, el primer ministro griego se dirigía al país a través de la televisión para defender el no en el referéndum y asegurar que con esa postura se fortalecerá la posición negociadora de Atenas. El giro desconcertaba una vez más a los observadores, pero quedaba claro que Tsipras había jugado una de sus últimas cartas antes de una consulta que, si llega a celebrarse, le costará el puesto si gana el sí.

La última y frustrada oferta griega llegaba después de la negativa del Eurogrupo del martes a prolongar el segundo rescate, que expiró a las 12 de la noche. Atenas ofrecía el miércoles nuevas concesiones en un desesperado intento por mantener viva la negociación y celebrar con ciertas garantías de éxito el referéndum.

El Gobierno de Tsipras esperaba cualquier signo de aquiescencia de Bruselas para cambiar el sentido de su recomendación de voto en la consulta del domingo, del no al sí, o incluso para cancelar la votación.

Pero a lo largo de la mañana de ayer quedó claro que la mayoría de los socios del euro ya no consideran necesario retomar las negociaciones con un Gobierno que podría tener las horas contadas. Berlín insistió en que prefiere esperar al desenlace de la consulta del domingo para tomar una decisión. En la misma línea se encuentran casi todos los países, incluida España.

Solo Francia intentó en vano mantener las líneas de contacto con Atenas, lo que hubiera permitido al Gobierno de Tsipras una salida airosa de la crisis. Pero la iniciativa no prosperó y las negociaciones han quedado aplazadas hasta la semana que viene como muy pronto.

“Queremos ayudar a Grecia pero no se puede ayudar a alguien en contra de su voluntad”, zanjó el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk. “Esperemos, por tanto, a los resultados del referéndum”, añadió Tusk.

Los escenarios que maneja Bruselas posreferéndum pasan todos por la desaparición política de Tsipras y de su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis. “El choque con ellos roza ya lo personal y parece imposible que vuelvan a ser los interlocutores para negociar un nuevo rescate”, pronostica un alto funcionario europeo.

Los ministros de Economía, en un desplante sin precedentes, llegaron el pasado sábado a celebrar una reunión sin su colega griego, que tuvo que abandonar la sala. Fuentes diplomáticas aseguran, además, que la relación se ha agitado incluso más con Tsipras, cuyo único y último apoyo parece ser el presidente francés, François Hollande.

París logró el pasado domingo que el Banco Central Europeo no cortase del todo los flujos financieros a Grecia. Pero el BCE congeló la provisión de liquidez de emergencia (en 89.000 millones de euros), lo que obligó a Atenas a cerrar los bancos desde el lunes y a limitar las retiradas de metálico.

El corralito merma las posibilidades de que Tsipras pueda imponerse en un referéndum en el que los sondeos conceden solo una menguante diferencia a favor del no. Las dificultades del sector financiero se agravarán previsiblemente de aquí al domingo, a medida que los bancos se queden sin liquidez y no puedan atender las demandas en metálico de sus clientes (limitadas a 60 euros diarios a través de los cajeros automáticos).

La Comisión Europea, además, ha redoblado la presión a favor del sí (en contra, por tanto, del Gobierno de Tsipras) al advertir a los votantes del no de que su victoria se interpretaría como la voluntad de salir del euro. Tsipras intentó ayer contrarrestar la campaña de Bruselas y aseguró que “el no no significará la salida del euro” y que tanto los depósitos bancarios como los salarios de los funcionarios y las pensiones están garantizados. Pero en un país con la banca cerrada y que el 30 de junio no pagó al FMI una deuda de 1.550 millones de euros, puede tratarse de una promesa difícil de cumplir.

Bruselas confía en que a partir del lunes, 5 de julio, la situación de Tsipras sea insostenible y deje paso a un Gobierno con otra configuración.

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