Editorial

Unos tipos bajos para unos riesgos altos

Las familias españolas tienen en depósitos el 40% de su riqueza financiera, tras la primera contracción en 2014 de tal variable desde 1997. Y en paralelo, los hogares han hecho durante el ejercicio pasado la mayor aportación en fondos de inversión en 18 años. Ha habido, por tanto, un trasvase desconocido en la riqueza financiera de los hogares como consecuencia directa de un nuevo escenario monetario, hasta ahora desconocido en España: tipos de interés en el cero por ciento. La congelación de la remuneración de los depósitos por parte de la banca ha llevado a los particulares a buscar el riesgo de la inversión en fondos, que sean de renta fija o variable, oscilan cada día en el mercado. Las familias pasan lentamente de ser simples proveedores de liquidez para la banca a poner a disposición de los gestores financieros su dinero para invertir y movilizar la actividad económica.

Aunque sea romper el comportamiento tradicional de los españoles, hay que admitir que es preferible una estructura del ahorro en la que la mayoría de los recursos están al servicio de la inversión, en un país que necesita recapitalización de su economía para ampliar el potencial de crecimiento, y que tiene una dependencia extrema de los mercados exteriores para financiar su crecimiento pasado (con deuda) y futuro.

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