Las dos partes se culpan mutuamente del fracaso

Grecia llega al principio del fin... del principio

A ocho días de que el 30 de junio expire la segunda prórroga del rescate, los líderes de la zona euro celebran este lunes en Bruselas una cumbre de emergencia

Grecia llega al principio del fin... del principio

La crisis griega entra este lunes en otra recta final, aunque nadie sabe si es la definitiva o solo un espejismo más. A ocho días de que el 30 de junio expire la segunda prórroga del rescate, los líderes de la zona euro celebran por la tarde en Bruselas una cumbre de emergencia para sentar las bases de una refundación del programa de asistencia que suprima las medidas más tóxicas aplicadas hasta ahora y que han dejado a Grecia con un 25% menos de PIB y una deuda del 180% del PIB, casi 40 puntos más que cuando llegó la troika en 2010.

Las dos partes se culpan mutuamente del fracaso de los dos rescates aprobados desde hace cinco años. Pero con una debacle financiera en ciernes si Grecia suspende pagos, tanto Atenas como la zona euro tienen interés en alcanzar un acuerdo.

Los contactos telefónicos de Berlín, París y Bruselas con Atenas se sucedieron el domingo para intentar desbrozar el camino hacia un compromiso que pasaría por otro ajuste presupuestario en Grecia, aunque mucho menor de lo exigido hasta ahora, a cambio de la promesa de replantear el rescate, incluyendo otro alivio futuro de la deuda.

Fuentes de la zona euro creen que el pacto es posible. Pero reconocen que, incluso si se logra, el acuerdo solo marcará el principio del fin del principio de la crisis griega, porque la solución definitiva sigue sin verse cerca.

Las dos partes coinciden en que la relación entre Grecia y el resto de la zona euro tardará años o décadas en recuperar la completa normalidad. Y en que ahora solo se puede aspirar a una entente que permita la convivencia sin exponer a la zona euro a una crisis existencial cada año y medio.

“La crisis griega es el mayor desafío para el proyecto europeo desde las guerras de secesión de Yugoslavia”, escribe Robert Kaplan en su reciente obra La venganza de la geografía. Grecia, según Kaplan, “es la prueba de que Europa sigue siendo una obra muy ambiciosa, pero en construcción”.

Esa construcción dará otro pequeño paso esta semana, con el llamado informe de los presidentes, en el que se plantean tres etapas para transformar la zona euro en una “auténtica Unión económica, financiera, presupuestaria y política” antes de 2025. El informe parte de que el euro “ha sido un éxito que comparten 19 Estados de la UE y más de 330 millones de ciudadanos”. Pero esa premisa puede venirse abajo si algún país, empezando por Grecia, o millones de ciudadanos, como los que votan al Frente Nacional de Marine Le Pen, se descuelgan del proyecto.

Fuentes europeas aseguran que la canciller Angela Merkel hará hoy todo lo posible para evitar un escenario de ruptura, a pesar de que entre sus filas haya quien lo acaricie y de que los sondeos indiquen que un elevado porcentaje de los alemanes desean expulsar a Grecia del euro. Si no quieren alentar el enfrentamiento entre sus opiniones públicas, tanto Merkel como Alexis Tsipras deberán hacer un ejercicio de flexibilidad, de comprensión hacia los argumentos ajenos y de erradicación de mitos y temores infundados.

Atenas debería admitir que, a pesar de los errores cometidos durante el rescate, la zona euro ha realizado un ejercicio de solidaridad sin precedentes. Además de prestarle casi 200.000 millones de euros de los contribuyentes europeos, le ha concedido rebajas en las condiciones de esos préstamos que rondan los 90.000 millones de euros y se muestra dispuesta a nuevas mejoras que podrían suponer un alivio de hasta 30.000 millones de euros. El FMI, en cambio, todavía no ha ofrecido ni una mejora de sus condiciones, lo que realza más el valor de lo ofrecido por los socios europeos.

Pero Grecia también se ha esforzado y sufrido, algo que a menudo se minusvalora entre los acreedores. Desde 2010 ha llevado a cabo un ajuste fiscal equivalente al 16% de su PIB hasta alcanzar un superávit fiscal primario (antes del pago de la deuda), un giro sin precedentes en la crisis actual. El FMI auguró que ese ajuste sólo provoca al país una caída del PIB del 5%, pero el desplome ha sido cinco veces mayor. Por el camino ha perdido un millón de puestos de trabajo en el sector privado y ha reducido en una cuarta parte su sector público.

Ha tenido que subir el IVA al 23%. Y aunque proporcionalmente recauda por ese concepto más que países como España, tiene que soportar el sambenito de que nadie paga impuestos. “Grecia tiene el sistema fiscal más progresivo de la OCDE”, subrayaba la semana pasada Theodore Pelagidis, del instituto Brookings. “Así que, ojo con los estereotipos sobre griegos ricos que no pagan y recuerden: siempre hay que mirar los datos”.

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