Presidente de Merlin Properties

Ismael Clemente, el nuevo rey del inmobiliario

Caricatura de Ismael Clemente, presidente de Merlin Properties.
Caricatura de Ismael Clemente, presidente de Merlin Properties.

Acaba de aparecer en los medios como el nuevo rey del inmobiliario en España. Aunque Ismael Clemente (Valencia de Mombuey, Badajoz, 1970) no es un recién llegado. Lleva gran parte de su vida profesional en el backoffice de las operaciones, preparando detalladas compraventas, asesorando a fondos extranjeros y bancos. Hoy le toca a él ponerse para la foto debido a la compra de Testa, la filial de Sacyr que dispone de edificios emblemáticos como la Torre PwC en la antigua ciudad deportiva del Real Madrid, las sedes de Endesa, Indra, L’Oréal… Así hasta 5.500 millones en activos que gestionará en unos meses la Socimi Merlin Properties, presidida por este extremeño.

Los que le conocen bien aseguran que tiene el don de meterse a su interlocutor en el bolsillo. Ya sea al presidente de una compañía como al portero de una finca. “Sabe captar a la otra persona. Siempre cae bien a la gente”. Aunque llegue tarde, el que le espera siempre le perdona por su gracejo fácil. De alrededor de 1,80 metros de estatura, la primera impresión que se lleva su interlocutor, dicen quienes le conocen, es de una persona llana, que ejerce por vocación de hombre de pueblo, siempre con una sonrisa y con alguna broma con la que se gana a quien le escucha. “Es ante todo simpático. Es de esa gente que hace amigos allá por donde va”, asegura un colaborador cercano. Ese es su punto fuerte.

La forma llana de ser le viene de origen. Nació en un pueblo perdido al sur de Badajoz, pegado a la frontera de Portugal y a la raya de Huelva. Sus padres, jubilados, fueron maestros de EGB. Él estudió en una escuelita local donde había tan pocos niños que se impartían a la vez los diferentes cursos. Una de las primeras grandes decisiones que marcaron su vida fue el internado jesuita en Villafranca de los Barros, donde estudió el BUP. Allí conoció a Miguel Ollero, un amigo con el que ha compartido universidad, trabajo y, actualmente, la gestión de Merlin. Clemente quería ser piloto de caza o alguna profesión arriesgada similar, hasta que los jesuitas le convencieron de que se fuera a estudiar a la Pontificia de Comillas en Madrid. Se fue a la capital becado y estudió lo más complicado que encontró, Icade-3, que combina Derecho y Empresariales.

Sus primeros pasos fueron como abogado en un despacho. Allí conoció a María, su esposa, actualmente socia en Garrigues. El matrimonio tiene seis hijos. La decisión de la pareja de convertirse en una familia numerosa vino porque querían que los niños formaran una piña, se autoprotegiesen y se hicieran compañía, ya que sus padres pasan muchas horas en sus respectivas oficinas. Como la política de la empresa no permitía matrimonios dentro del bufete, Clemente decidió volar. Alguien se fijó en su capacidad con los números y le fichó para la banca de inversión. Así entró en Bankers Trust, que luego se convertiría en Deutsche Bank. Con ese trabajo ya se pudo comprar un adosado en Majadahonda.

“Es un sabio del sector. Hace gala del rigor profesional en un mundo inmobiliario donde los que han triunfado normalmente no brillaban por su cualificación”, asegura Antonio Rodríguez Pina, presidente de Deutsche Bank y jefe de Clemente durante 11 años. “Le admiro mucho desde que le conocí”, reconoce, por su forma sencilla de ser y porque es de las pocas personas en las que ha visto un líder desde el primer momento. “Tiene una gran capacidad de liderazgo basada en la credibilidad, en su trabajo excelente, en su credibilidad y en asumir riesgos”, añade. De hecho, lo demostró cuando salió del banco, por una reorganización del negocio donde veía peligrar su futuro, ya que todo su equipo se fue fielmente con él.

Su gente más cercana asume que esa es otra de las claves de su éxito: genera lealtades entre su equipo. Una práctica que traslada al sector, donde va ganando amigos. Nunca ha dejado cadáveres conocidos entre los rivales y en las operaciones, así que de momento no se ha ganado enemigos. Alguien que lleva pocos meses trabajando junto a él asegura que quiso tener una oportunidad en Merlin porque en una empresa rival le habían hablado muy bien de Clemente. “Ha creado algo bonito. Un ambiente dinámico, humilde, de gran sentido humano”, reconoce esa fuente.

Al salir de Deutsche montó Magic Real Estate, una gestora de fondos inmobiliarios. El siguiente salto fue hace 12 meses, cuando llevó a cotizar la recién constituida Socimi. El nombre proviene de un juego de palabras ajeno, de un consultor que lo llamó Proyecto Merlin, haciendo un juego sobre la magia de la anterior denominación. En un año ha conseguido crear un emporio, aunque sea para otros (sus inversores en Bolsa), porque él es un mero gestor, a base de salir a las 11 de la noche cada día.

A sus hijos solo les ve en el desayuno. Les lleva al colegio y destina a ellos su tiempo libre del fin de semana. Cuando no está desenmarañando lecturas financieras y contratos, lo que le gusta es el campo. De hecho, no es raro escucharle decir que cuando pueda él se retirará a su pueblo a beber Cruzcampo en el bar de Rafa. De adolescente disfrutaba con las novelas de Delibes como Las ratas o Los Santos Inocentes, que describían un mundo en Castilla no muy ajeno a la Extremadura pobre. Su otra gran pasión es el mar y navegar, desde llevar un gran velero a una tabla de windsurf. Precisamente, una de sus grandes aventuras fue la de cruzarse el Atlántico en un pequeño barco a vela, junto con amigos marinos, desde Canarias hasta Santa Lucía, en el Caribe.

Clemente hace gala de extremeño allá donde va. Aunque en el mundo del fútbol sea culé. Quien le ha escuchado conoce la versión de por qué desde chico le gustó el Barcelona: en su pueblo, desde que se nace, el PER se marca a fuego. Por eso a él le fascinaban los que volvían de la emigración de Cataluña, que regresaban con un coche y hablaban de la prosperidad y de la cultura del trabajo. Ahora él es quien disfruta de la bonanza. Ha construido la mayor gestora inmobiliaria. Lo que nadie sabe es hasta dónde llegará este chico humilde.

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