Editorial

Un marco óptimo para aprovechar

Los datos sobre la evolución de la economía europea publicados ayer por Eurostat elevan hasta el 1% el crecimiento anual en la zona euro, lo que constituye el mejor dato desde 2013 y una evidencia de que Europa ha comenzado a salir del estancamiento económico. Al potente arranque del motor de España –que ha avanzado un 0,9% en el primer trimestre del año– se suman los avances de Francia, que ha crecido un 0,6%, e Italia, que lo ha hecho un 0,3%. Los datos de la economía alemana –con un incremento también del 0,3%– han estado finalmente por debajo de las previsiones, que cifraban en un 0,5% ese crecimiento. El avance de Berlín se ha nutrido del tirón del consumo privado y de la inversión frente a un sector exterior que ha aportado menos de lo previsto. Ello supone un motivo de atención para la economía más potente de Europa, que obtiene uno de cada cuatro euros del comercio exterior y ocupa el segundo puesto en el ranking de exportadores del mundo, tras China. Más allá del análisis país a país, un incremento del 1% del PIB en la eurozona es un crecimiento todavía débil, pero constituye una importante señal de recuperación en una región que parecía haberse instalado peligrosamente en el estancamiento económico. La explicación de este avance está fundamentalmente en una coyuntura que ofrece en este momento los mimbres necesarios para alimentar las economías. El descenso del precio del petróleo, la depreciación del euro, unos tipos de interés oficiales en cero, el programa de compras de deuda del BCE y la paulatina recuperación del consumo constituyen un marco óptimo –que no debe ser desaprovechado– para impulsar el crecimiento en Europa.

Pese a ello, el entorno no lo hace todo y las reformas siguen siendo la condición necesaria para aprovechar los vientos favorables. Mientras que Italia ha puesto en marcha un paquete de medidas económicas y parece preparada para impulsar su ritmo de actividad, el crecimiento de Francia tiene el riesgo de no contar con una agenda reformista que lo sustente. París se mantiene en un inmovilismo que no solo impide despegar a su economía y aprovechar las buenas condiciones climáticas, sino que repercute inevitablemente en toda la zona euro. El mejor ejemplo de la eficacia de una hoja de ruta de reformas es España, que lidera el crecimiento en la zona euro pese a no haber culminado todavía esa agenda. Precisamente ayer, Bruselas reprochaba a nuestro país lo que califica como “escasos avances” en materia laboral y recordaba la necesidad de liberalizar, entre otros ámbitos, el sector servicios. Ello es cierto y constituye un asignatura pendiente para la economía española que es necesario abordar. Como también lo es que Europa reconozca el esfuerzo de un alumno con problemas que lidera en este momento la clase.

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