Editorial

Un motor que hay que seguir alimentando

El motor del empleo en España no solo ha arrancado, sino que lo ha hecho a un buen ritmo. El mercado laboral ha cerrado abril con 175.500 cotizantes más en un solo mes, la mitad de ellos por el efecto tirón de la Semana Santa. En términos interanuales, España ha creado casi 600.000 empleos en los últimos doce meses y con ello roza ya las previsiones del Gobierno para el cierre de este año. Hay que remontarse a 2006, el mejor ejercicio en materia de empleo antes de la llegada de la crisis, para registrar un crecimiento anual mayor. Si se analizan los datos desestacionalizados, el empleo crece menos, pero acumula ya en cualquier caso 21 meses de ascensos. Sea cual sea la medición elegida, abril deja a España con más de 17 millones de afiliados.

Un análisis más detallado de esos datos revela que 70.000 de los nuevos afiliados pertenecen al sector de la hostelería, lo cual no es sorprendente, dado que la Semana Santa tradicionalmente se deja notar en este ámbito. A ello hay que añadir crecimiento en el comercio y las actividades administrativas, el sector agrario, los autónomos, el sector inmobiliario, la industria y el transporte. En materia de contratos, el avance de los fijos se ha frenado, lo cual puede explicarse por el peso de los empleos ligados a la coyuntura vacacional y al cambio de la tarifa plana para estos contratos, cuyo efecto no se ha visto reflejado en abril.

El tirón del empleo es la consecuencia natural del aumento de la actividad. La Comisión Europea revisó ayer por segunda vez en tres meses las previsiones de crecimiento para España, que sitúa en un 2,8% este año y en un 2,6% para 2016. Bruselas parece haberse convencido ya de que el despegue de la economía española es una realidad, tras haber rebajado el año pasado a la baja las previsiones para este ejercicio y errar estrepitosamente en esa predicción. La radiografía actual muestra un país que ha pasado de estar sentado en la última fila de la clase en la zona euro a aspirar a un crecimiento en 2015 que dobla la media de región y está muy por encima del previsto para Alemania, Francia e Italia. La explicación a este repunte está en la confluencia de dos grandes factores. Por un lado, el efecto de las reformas estructurales y la disciplina fiscal que España se ha esforzado en adoptar en los últimos años. Por otro, el balón de oxígeno que ha supuesto para los mercados los programas de compra de deuda del BCE. Pese a ello, el viento reformador de España se ha parado –la congelación de la reforma de las profesiones colegiadas y de la ley de unidad de mercado son una prueba de ello– en el marco de un horizonte fuertemente marcado por la campaña electoral. Ello puede entenderse desde el punto de vista de la estrategia política, pero no desde la óptica de la consolidación de una mejora económica que alimente la explosión de empleo que España necesita.

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