Editorial

Qué mirar para comprar en las salidas a Bolsa

Entre 2014 y 2015 han llegado a la Bolsa todas las empresas que habían retrasado su comparecencia en los años de la crisis, y ahora el mercado vive una especie de frenesí financiero, con debuts corporativos casi todas las semanas. Las empresas buscan una fórmula alternativa de financiación dando entrada a socios minoritarios y es una buena oportunidad para que los agentes inversores, sean fondos o particulares, puedan entrar en los negocios de tales empresas y diversificar sus carteras. Hasta hace unos trimestres, el mercado había sido totalmente reacio a admitir nuevas aventuras bursátiles, porque estaba cegado para la ampliación de los negocios, máxime cuando venía de un atracón de crédito y endeudamiento que había que digerir. Pero ahora la situación financiera puede considerarse de normalidad. Hay liquidez hasta extremos desconocidos, y si las empresas precisan financiación, el dinero privado busca alternativas de inversión en un impensable, hasta hace poco tiempo, escenario de tipos al cero por ciento por una larga temporada.

Pero los inversores particulares deben mirar con cierta distancia las salidas a Bolsa, ya que no en todas está la mejor oportunidad del mundo, y porque en muchas las circunstancias las convierten en malas apuestas para el dinero. El particular debe asesorarse bien antes de tomar una decisión de inversión en cualquier producto. Pero debe ser especialmente cuidadoso con la inversión en Bolsa. Debe saber desde el primer día que igual que se puede ganar dinero, se puede perder, y que la mera existencia de una posibilidad de cada cien de fracasar, exige el máximo rigor en el análisis de la empresa en la que se coloca la apuesta. Por tanto, un buen asesoramiento profesional, es lo primero que se debe procurar. Y, además, debe observar unas cuantas cuestiones básicas para minimizar los riesgos.

En primer lugar, ha de tener en cuenta que cuando una empresa le ofrece la posibilidad de comprar sus acciones, es porque sus principales accionistas quieren venderlas. Para lograr averiguar el grado de buena voluntad de los gestores hay que estudiar bien cuál es el objetivo de la venta (salida a Bolsa), pues no es lo mismo hacerlo para captar recursos y ampliar la inversión y el negocio, o adquirir un competidor, que para reducir una deuda insostenible. No es lo mismo invertir para ampliar un negocio, en definitiva, que para sanearlo. Este último es el motivo de salida de muchas sociedades que están llegan al mercado. Ante esta situación, debe extremarse el celo y el rigor.

Quienes deseen entrar en las compañías de nueva cotización, deben analizar en detalle el sector en el que trabajan y averiguar si es la mejor opción, o existen ya mejores en el mercado y con resultados contrastadas. La comparación es la mejor fórmula de medida para el precio de salida, muchas veces inflados por la presión de la demanda, y deben rechazarse precios de las acciones que estén claramente alejadas de los de sus competidores. Debe cerciorarse de que el sector en el que opera la nueva empresa tiene estructuralmente futuro, que genera ingresos recurrentes, y a ser posible que tenga pocos actores en el terreno de juego. Y, a ser posible, que existan suficientes barreras de entrada en el negocio. Es, además, conveniente exigirle a una empresa para comprarle sus acciones un currículo de experiencia, de beneficios y de pago de dividendos relativamente dilatado, salvo que el inversor sea un amante irreflexivo del riesgo.

Muchas salidas a Bolsa en los últimos meses están fundamentando su éxito en la avidez de los fondos de inversión por captar participaciones en empresas que tengan beneficios recurrentes y que los distribuyan entre sus socios, aunque sea muy limitado. El escenario de tipos cero en el mercado convierte a rentabilidades del 1% en objeto del deseo de los inversores institucionales, lo que puede colocar los precios de las acciones en niveles sobrecomprados muy peligrosos.

La opción del dividendo nunca ha pasado de moda, aunque ahora se haya convertido en un refugio fantástico para fondos de pensiones ante la falta de rentabilidad de la deuda pública. Si una empresa mantiene pagos a sus socios recurrentemente por encima de la inflación, siempre es una buena opción para obtener retornos al dinero, y una buena primera exigencia para los nuevos inversores.

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