El precio en origen cayó un 11% respecto a 2014

El fin de las cuotas lácteas, entre el riesgo y la oportunidad

Explotación ganadera en Tapia de Casariego (Asturias).
Explotación ganadera en Tapia de Casariego (Asturias).

1986. España entra a formar parte de la Unión Europea y, con ello, a cumplir las normas de producción de leche. 2015. Europa se adapta a unas nuevas reglas comunitarias. Se acabaron las cuotas y con ellas comienza un nuevo modelo de mercado que crea posiciones enfrentadas entre ganaderos e industria. Durante estas casi tres décadas, cada país y cada productor tenían una cuota asignada que no podían saltarse. En España, dichas cuotas apenas superaban los 60 millones de toneladas, mientras que la demanda superaba los 90 millones. Había que importar.

Sin embargo, según los ganaderos, aquel sistema les permitía conocer de antemano la leche que vendían al año. “A partir de ahora los contratos serán mes a mes”, explica Gaspar Anabitarte, ganadero cántabro y responsable del sector lácteo en la Coordinadora de Asociaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

Anabitarte teme que al no depender de cuotas, la negociación con las empresas lecheras va a ser “muy desigual”, ya que el sector ganadero español se caracteriza por ser muy atomizado, con pequeñas explotaciones y negocios familiares. Teme que los precios que paguen por cada litro sea inferior que los costes de producción. “Se nos ha complicado mucho la situación”, se lamenta. “Los precios los controlará la industria”, explica.

Pero las empresas no lo ven así. Luis Calabozo preside la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil) y considera que la negociación seguirá siendo la misma que se ha producido en los últimos años. “Los precios no son algo nacional, vienen marcados por la coyuntura nacional”. Analiza que este final de las cuotas se conoce desde 2003, que “no es algo nuevo”. Además, lamenta que la llegada del nuevo modelo haya coincidido con una caída de los precios generalizada, “sin estar relacionadas”.

Lo cierto es que, según la Consejería de Agroganadería y Recursos Autóctonos de Asturias, el precio pagado de media a los ganaderos de la región ha caído un 11% desde febrero de 2014. Un descenso que supone cobrar 4,4 céntimos menos por litro, hasta los 35,6. Una tónica que se repite en todo el país. Calabozo explica que el importe viene marcado desde 2007 por ciclos económicos y que el descenso que se ha producido desde el último trimestre de 2014 ha sido motivado por cuestiones como el veto ruso o el mercado chino.

Efectivamente, según una comparativa hecha por la empresa de alimentación para animales Inatega, la evolución ha sido similar en España, Francia y Alemania. Javier Gómez Iruretagoyena, jefe de gestión de aprovisionamiento lácteo de Nestlé, también defiende que los precios se marcan por “circunstancias del mercado” y no “del poder de las partes”.

Anabitarte considera que los precios tenderán a la baja y denuncia que ya hay empresas lácteas que están ofreciendo menos de 26 céntimos por litro, por debajo de los niveles que había en 1989. El representante de los ganaderos critica el “mercado libre” que se ha creado y denuncia las prácticas que llevan a cabo algunas marcas, en referencia a la multa impuesta por la CNMC de 88 millones por pactar precios.

Buscar más valor

Gómez rechaza la modificación de más poder a la industria frente a los ganaderos y aclara que el productor podrá elegir “la oferta de mejores condiciones”. Calabozo, por su lado, cree que las cuotas no van a provocar a una caída del precio y defiende que las industrias han invertido un 27% más en la adquisición de materia prima en España en los dos últimos años.

El sector se encuentra totalmente dividido. Mientras Anabitarte se muestra pesimista con la situación que se abre y cree que solo les queda “aguantar el chaparrón como se pueda”, Calabozo está más esperanzado con las oportunidades que se abren tras el fin de las cuotas. “Los principales desafíos ahora son crear valor en las exportaciones y en el mercado nacional”, comenta.

Otro de los retos a los que se refiere el representante de las industrias lácteas es el de hacer frente a una “mayor volatilidad” de los precios que lo que se había visto hasta el momento. Sin embargo, cree que es el punto de “romper con los corsés” para cambiar la industria láctea española y acomodarla a la de otros países. “En algunos lugares hace ya años que no funcionan las cuotas”, explica, “aquí no se aceptaba el final de este sistema”.

Tras años enfocados en la producción interior, el responsable de Fenil cree que “se puede recuperar el nombre en el mercado exterior”. Defiende que la opción de poder producir más que antes ayudará a mejorar la posibilidad de exportar, sobre todo en productos derivados. Señala al queso como el principal producto con el que impulsar la venta al extranjero.

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