Editorial

Una solución realista para Grecia

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, y la canciller alemana, Angela Merkel, escenificaron ayer un nuevo intento de rebajar la tensión entre Atenas y la zona euro. La reunión se saldó con una mejora en términos de sintonía política y empatía personal, así como con un esfuerzo por limar asperezas entre la opinión pública de ambos países, pero sin noticias de un acuerdo que Berlín considera –con razón– que debe ser adoptado por todos los miembros de la moneda única. La retahíla de desencuentros que se han producido entre el Gobierno griego y la troika (UE, BCE y FMI) desde el pasado 20 de febrero, fecha en que se prorrogó el segundo rescate del país, hacen temer un enquistamiento del conflicto heleno que no beneficiaría a Atenas, pero tampoco a Europa. A día de hoy, Grecia sigue sin detallar cómo piensa articular los recortes y reformas que debe acometer a cambio de su rescate. A ello hay que unir gestos y declaraciones de Atenas que no ayudan precisamente a un acercamiento de posiciones, como la aprobación unilateral de una ley para socorrer a los castigados hogares del país, con vales de comida y electricidad gratuita, o la afirmación de que se suspenderá antes el pago al FMI y a la zona euro que a los funcionarios y pensionistas griegos. El propio Banco Central Europeo (BCE), en un tono firme y severo, instaba ayer a Tsipras a cumplir con lo pactado y a dejar de desestabilizar los mercados con declaraciones sobre la presunta insolvencia del país y su inminente quiebra. El banco ha mencionado por primera vez, si bien como último recurso, la posibilidad de un corralito en el país e incluso un escenario de salida de Atenas del euro, en un más que probable intento de apretar las tuercas al Gobierno griego.

 Así la cosas, la reunión de ayer ha servido para reforzar unas posiciones que parecen inamovibles. Alemania reitera la necesidad de que Grecia cumpla con el memorándum que firmó el pasado febrero a cambio de su rescate mientras Grecia insiste en que las recetas europeas no han funcionado en el país. Para Tsipras, el objetivo inmediato es ahora lograr superar los vencimientos de deuda que el país tiene que afrontar en las próximas semanas. Una prueba para la que el Gobierno griego baraja como solución una intervención del BCE que permita al país hacer frente a sus obligaciones.

Con un escenario tan complejo como este, la solución debería pasar por combinar la flexibilidad con la firmeza. No cabe la menor duda de que Grecia debe cumplir con las obligaciones del rescate, pero las instituciones europeas –incluido el BCE– deberían buscar una solución de consenso lo suficientemente severa como para que Atenas no se convierta en un mal precedente, pero también lo suficientemente realista como para evitar que la crisis griega desestabilice tanto los mercados como las economías europeas.

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