La UE, del revés

Bruselas prepara ya un nuevo rescate de Grecia

Bruselas prepara ya un nuevo rescate de Grecia

Para España, que ya se juega 26.000 millones de euros, el riesgo podría incrementarse en otros 4.000 millones, con probabilidades cada vez más escasas de recuperar esos fondos a medio plazo. Los preparativos del tercer plan (que el Gobierno de Syriza describe como un contrato para la reconstrucción del país) ya están en marcha, ante la evidencia de que Atenas seguirá sin poder financiarse por sí misma cuando el 30 de junio concluya la segunda prórroga del segundo rescate, aprobada por la zona euro la semana pasada. Bruselas, según fuentes europeas, espera aprovechar estos cuatro meses para negociar un tercer rescate que podría rondar los 30.000 millones de euros.

A modo de comparación, durante la crisis asiática de 1997-1998, el rescate de Indonesia, Tailandia y Corea del Sur (367 millones de habitantes en total) requirió una intervención de unos 120.000 millones de dólares por parte del FMI y otros prestamistas nacionales y multilaterales, partida que ni siquiera llegó a agotarse. Esa cifra palidece ante las ingentes cantidades de dinero que han desaparecido en Grecia sin apenas resultado: el país sigue con una deuda equivalente al 175% de su PIB que no puede refinanciar, con una prima de riesgo de casi 1.000 puntos (10 veces más que España) y un diferencial en el seguro de impago de 14.000 puntos (100 veces más que España).

La masiva intervención también ha logrado batir el récord de impacto. La fase más aguda de la crisis de Argentina a principios de este siglo duró tres años y dejó al país con un 20% menos de PIB, según el FMI. Grecia ha sufrido seis años de recesión, ha perdido un 25% del PIB y la tasa de empleo se ha desplomado al 55%, lo que agrava la sostenibilidad de la deuda.

La espiral de paro y deflación se ha tragado la intervención multimillonaria de la zona euro. El primer rescate costó 73.000 millones de euros en poco más de un año. Y el segundo, 164.500 millones en tres ejercicios. Casi un cuarto de billón de euros en total, el doble que la crisis asiática.

La factura griega sigue subiendo y triplica la de toda la crisis asiática de 1998

Pero la suma y los récords no terminan ahí. En Grecia también se ha llevado a cabo la mayor reestructuración de la historia, con unos resultados tan escasos como los dos rescates. El canje afectó a bonos por valor de casi 200.000 millones de euros (más del triple que en la crisis de 2001 en Argentina), con una quita de en torno al 55%. El coste para los inversores se cifró en unos 120.000 millones de euros en términos del valor real neto de los bonos canjeados. Pero el Eurogrupo (ministros de Economía de la zona euro) diseñó la operación de tal manera que la deuda griega mermó solo ligeramente, porque hubo que recapitalizar a los bancos griegos afectados.

A todo ello se suma el trasvase hacia Atenas de los beneficios obtenidos por los bancos centrales de la zona euro con la compra de deuda pública en 2010. Los bancos centrales, incluido el de España, ya traspasaron a Grecia 2.000 millones de euros en 2013. El año pasado se obtuvieron 1.840 millones, retenidos a la espera de que Atenas cumpla las condiciones previstas en el Memorándum del rescate. Y el año que viene se esperan otros 1.500 millones, por lo que el beneficio cedido rondará ya los 5.000 millones de euros. La factura total entre rescate, reestructuración y trasvase de beneficios se eleva así 365.000 millones, a los que podría sumarse un tercer rescate, valorado como mínimo en 30.000 millones.

Y el desenlace final podría salir todavía más caro, porque nadie se atreve a descartar una suspensión de pagos o una segunda reestructuración, que costaría miles de millones de euros a España y al resto de socios de la zona euro.

Tras el desastre argentino, el FMIhizo examen de conciencia y concluyó que “Argentina muestra que, una vez que la reestructuración de la deuda es inevitable, las medidas para retrasarla pueden elevar el coste de la crisis y complicar aún más la resolución”. Una lección de la historia que la zona euro probablemente dejará pequeña.

 

El Bundesbank no se fía de Atenas

El Banco Central Europeo se reúne el jueves para analizar, entre otras cosas, la situación de Grecia tras el acuerdo sobre la prórroga del rescate del 1 de marzo al 30 de junio. El BCE suspendió el 11 de febrero la admisibilidad de los bonos griegos como colateral de su crédito tras constatar la resistencia del Gobierno de Syriza a proseguir con el rescate. Tras la firma de la prórroga, el BCE podría levantar ese castigo. Pero varios bancos centrales, entre ellos el alemán (Bundesbank), consideran que aún no hay garantía de que Atenas vaya a cumplir con las reformas y ajustes previstos en el rescate, por lo que no deben admitirse todavía los bonos griegos.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, defenderá previsiblemente esa línea dura durante la reunión del comité ejecutivo del BCE, que este jueves se reúne en la capital de Chipre, Nicosia. El banco central también revisará las líneas de liquidez de emergencia para los bancos griegos, limitadas a solo 68.000 millones de euros.

Merkel lee la cartilla a Juncker

Las relaciones entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, nunca han sido demasiado cordiales. Pero ahora, según la prensa alemana, atraviesan un momento especialmente bajo porque el luxemburgués, a diferencia de su predecesor José Manuel Barroso, planta cara a Berlín de vez en cuando.

Este miércoles, Merkel y Juncker se verán las caras en Bruselas, una reunión que podría servir para limar asperezas... o para que la canciller le lea la cartilla al presidente de la Comisión. Por si acaso, Juncker aprobó el miércoles pasado a toda prisa la prórroga de dos años para que Francia corrija su déficit excesivo, una decisión que levanta ampollas en Alemania.

Berlín tampoco comparte la actitud comprensiva de Juncker hacia el Gobierno griego de Alexis Tsipras, que cuestiona abiertamente el modelo alemán de gestión de la crisis del euro. Aun así, Merkel tendrá difícil librarse de los gestos de afecto que prodiga Juncker.

Normas
Entra en El País para participar