"El 67% del programa de la troika es correcto"

Varufakis pide un programa puente hasta mayo

Ministro de Finanzas, Yanis Varufakis (derecha) y el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble (izquierda).
Ministro de Finanzas, Yanis Varufakis (derecha) y el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble (izquierda). REUTERS

La desafiante campaña de Varoufakis por Europa comenzó el viernes pasado dando por concluido el rescate de Grecia y terminó hoy en Berlín con una petición de clemencia ante el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble.

“Nuestra propuesta es que haya un programa puente hasta finales de mayo para que tengamos tiempo de deliberar y, poco después, llegar a un acuerdo ”, señaló el ministro griego tras una larga reunión con Schäuble.

La palabra programa es el término oficial de la troika (CE, BCE y FMI) para referirse a rescate. Y la incorporación de ese eufemismo al lenguaje rotundo de Varoufakis indica que el ministro griego considera prácticamente inevitable que Grecia siga, al menos durante un tiempo, bajo tutela internacional.

La gira europea del Gobierno griego terminaba así en la casilla de salida más temida por el primer ministro, Alexis Tsipras, y su ministro de Finanzas. Una encerrona que, según fuentes europeas, pretende presionar al Ejecutivo de Syriza para que presente este fin de semana un programa de Gobierno “realista y aplicable”. “Grecia no quiere chantajear a nadie pero tampoco vamos a permitir que nadie nos chantajee”, advertía Tsipras en Atenas ante su grupo político.

Fuentes europeas, en cambio, esperan que Tsipras se amolde porque incluso dudan ya que se pueda ofrecer a Grecia una línea de crédito preventiva, como se había propuesto a finales del año pasado, porque esa oferta requiere que Grecia pueda emitir deuda en condiciones aceptables. Las mismas fuentes consideran más probable un tercer rescate o programa, como prefiere ya denominarlo Varoufakis, que rondaría los 15.000 millones de euros. Y no descartan que Syriza tenga que cambiar de socio de Gobierno y buscar aliados más proclives al rescate como los liberales de To Potami.

“No hay nada malo en intentar cumplir las promesas, pero hacerlo a costa de los demás no es muy realista”, espetó Schäuble a Varoufakis durante la rueda de prensa conjunta de ambos en Berlín. El ministro griego también se mostró provocador y evocó la deflación de los años 30 en Alemania y el surgimiento del nazismo para ilustrar los desastres que, a su juicio, han causado las recetas de la troika en Grecia.

Pero Varoufakis se cuidó esta vez de no romper puentes, como sí hizo con el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. Incluso pidió tiempo a Schäuble para depurar sus propuestas “porque sólo llevamos unos días y ni siquiera hemos sido todavía investidos por el Parlamento” [se espera que sea la semana que viene].

La claudicación de Varoufakis llegó tras la inesperada decisión del BCE de poner fin a la excepción que permite a los bancos griegos presentar como colateral la deuda pública de su país a pesar de su calificación como bono basura. El BCE anunció la noche del miércoles, apenas 12 horas antes del encuentro de Schäuble y Varoufakis, que esa vía de financiación se cerrará el próximo 11 de febrero si para entonces Atenas no ha llegado a algún tipo de acuerdo con el resto de la zona euro.

La decisión del BCE provocó una caída del 15% en la cotización bursátil de los bancos griegos, lo que neutralizó la subida registrada en jornadas anteriores tras la propuesta de Varoufakis de renunciar a la quita en la deuda griega y sustituirla por una reestructuración blanda. Un plan que, de momento, sus socios europeos no se han dignado ni a considerar, pero que la mayoría de las fuentes consideran poco viable.

El ultimátum del BCE también obliga a Grecia a replantearse su negativa a aceptar una prórroga del rescate más allá del 28 de febero. Atenas podría salir del paso manteniendo el echazo formal de esa prórroga, pero aceptando un “programa” temporal que le permtiese acceder a los fondos disponibles del rescate (casi 15.000 milones de euros, sin contar los 16.000 millones del FMI) y que el BCE siguiese aceptando su deuda como colateral.

La fórmula puente permitiría a Grecia, según Varoufakis, negociar con la zona euro un “nuevo contrato”, que purgase en parte la condicionalidad del Memorándum del antiguo rescate. Fuentes europeas admiten que puede haber retoques en la condicionalidad pero advierten que se seguirán exigiendo drásticas reformas estructurales.

El Gobierno de Syriza parece dipuesto a acometer esas reformas, probablemente con más celo que el Gobierno anterior, que incumplió gran parte del Memorándum y acabó chocando frontalmente con la troika hasta el punto de que se congelaron los desembolsos del rescate hace varios meses.

Varoufakis señaló ayer en Berlín que “el 60% o el 70%” de las condiciones previstas en el rescate actual le parecen aceptables, lo que indica que existe margen para negociar. Tampoco Schäuble se cerró ayer en banda. “El programa actual, si hay que alterarlo, tendrá que hacerse por acuerdo”, señaló el ministro alemán. Pero ese acuerdo parece lejos porque, según Schäuble, Grecia y Alemania “sólo estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo”. “Ni siquiera en eso”, añadió Varoufakis, porque “no estamos de acuerdo sobre en qué discrepamos”.