Editorial

Una buena noticia para el consumo

La tasa negativa de inflación con la que España cerró 2014 constituye un registro mínimo inédito desde que existe la serie histórica, esto es, desde 1961. Los datos publicados ayer por el INE revelan que el IPC cerró el ejercicio con una tasa interanual del -1%, en lo que suma el sexto mes consecutivo en negativo. A ello hay que unir que la economía española acumula ya 16 meses seguidos con una inflación inferior al 1%, lo que apunta a que no estamos ante un escenario coyuntural de descenso de los precios, sino ante una tendencia que probablemente se mantendrá en los próximos meses. Las razones que explican esta caída son fundamentalmente dos: una demanda interna débil y un desplome del precio del barril de petróleo que se ha hecho notar claramente en la cesta de la compra. No en vano, el transporte constituye la segunda partida más importante de este índice, únicamente superado por el gasto efectuado tanto en alimentos como en bebidas.

A la vista de esa contumaz evolución bajista del IPC, es inevitable que resurjan los temores sobre un posible escenario de deflación. Sin embargo, tanto la evolución de la tasa subyacente del IPC –que cerró el año 2014 en el 0%– como el hecho de que la caída de los precios no haya sido generalizada confirman que no estamos ante un fenómeno de deflación, sino ante un horizonte –beneficioso– de desinflación. Un extremo en el que coinciden la mayor parte de los analistas económicos, al constatar que tanto el consumo como la inversión están creciendo a ritmos lo suficientemente elevados como para descartar una hipótesis de desplazamiento masivo de decisiones de compra por la caída de los precios.

Lo que revela la evolución de los precios en 2014 es que las empresas españolas han comenzado a trasladar a los bienes y servicios del mercado el fuerte ajuste de costes que han realizado como consecuencia de la crisis. Ello constituye un elemento sumamente positivo para alimentar y fortalecer la todavía frágil demanda interna española. Esta histórica bajada de precios se ha traducido hasta ahora en un aumento de la capacidad adquisitiva de los españoles de alrededor de 15.000 millones de euros. Para 6,5 millones de asalariados del sector privado, 2,4 millones de perceptores de prestaciones por desempleo, 2,5 millones de empleados públicos, 8,4 millones de pensionistas y el grueso de ahorradores que mantienen los 865.000 millones de euros que hay en España entre efectivo y depósitos, el valor de su dinero aumentó en 2014 entre en 1% y un 2%. Ello se traduce en una mayor capacidad para consumir y en un alimento para la inversión, elementos ambos imprescindibles para lograr que la pesada máquina del crecimiento económico en nuestro país comience a adquirir mayor solidez y más velocidad.