Editorial

Reformas, estabilidad y recuperación

El Gobierno explicó ayer a decenas de inversores particulares e institucionales de todo el mundo que asistieron al Spain Investors Day lo que consideran que es el nuevo milagro económico, y las oportunidades de inversión que ha generado. Cómo de ser uno de los principales problemas de Europa y auténtico obstáculo para fortalecer el euro, ha pasado a ser el país que más crece de la eurozona y el que más empleo genera, tras haber reformado buena parte de sus estructuras económicas y haber reducido el déficit fiscal a la mitad que como estaba en 2011, despejando las dudas sobre las posibilidades de repago de la elevada deuda pública. Los inversores, desde particulares a representantes de fondos de inversión o de pensiones, así como de fondos soberanos, han reforzado, con su presencia y con sus mensajes, la apuesta que ya comenzaron a plantear el año pasado; sitúan sus preferencias por España muy por delante de economías industriales como la francesa o la italiana, pese a que reconocen que la calidad de algunas oportunidades ha pasado ya y que los precios de los activos han comenzado a moverse. Pero el entusiasmo del dinero choca con algunas incertidumbres que deberían ser despejadas, porque el dinero no ha perdido su condición de miedoso y siempre quiere minimizar los riesgos allí donde se pone a trabajar. Con un conocimiento milimétrico del endiablado calendario electoral español, las manos fuertes de la inversión tienen dudas razonables tanto sobre los riesgos de inestabilidad del nuevo mapa político, como de las corrientes populistas que han irrumpido en el mercado político de la mano de Podemos, o de las inevitables incertidumbres por un posible parón en el impulso reformador y en el rigor en la gestión de los recursos públicos. Tienen dudas razonables y así lo han expuesto en Madrid, aunque admiten también que una parte de la preocupación es extensible a toda Europa.

El futuro político del país es inexcrutable, más allá de las pistas que proporcionan las encuestas, que tienen la limitación de que son encuestas y de que todas las pistas son interpretables. En todo caso, y pese a que el fraccionamiento del espectro electoral nunca había llegado a extremos tales como los que se avecinan, España ha encontrado el consenso siempre que lo ha necesitado de manera imperiosa, aunque bien habría estado que se hubiese extendido a cuestiones que carecieron de tal bendición. Pero lo que no debe admitir discusión es que España ha recuperado el crédito y el favor de los inversores y ha transformado la tendencia de su economía por las reformas gubernamentales y el sacrifico de la ciudadanía, y que para mantener la tendencia debe intensificarse la transformación de los mercados rígidos y mantener el rigor en ingresos y gastos públicos. Y eso depende más que de nadie del Ejecutivo, que debe hacer la máxima abstracción de la condición electoral del año.