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El sentido de la postura de Merkel

No debería haber ninguna duda de que Angela Merkel quiere mantener intacta la zona euro. Su indiferencia sobre la posibilidad de que Grecia salga del euro si no llega a un acuerdo con sus socios acreedores es parte de ese largo juego. La canciller alemana solo quiere enviar un aviso previo a Alexis Tsipras, líder del partido de izquierda Syriza y que puede convertirse en el ganador de las elecciones parlamentarias griegas el 25 de enero. Los inversores deben ver a través de la algarabía de las negociaciones. La próxima crisis griega tendrá melodramas –pero Berlín se asegurará de que termina en compromiso–.

Las prioridades de Alemania no han cambiado en los últimos dos años, con dos preocupaciones contradictorias. Por un lado, no quiere convertirse en el pagador principal de Europa, financiando a las economías periféricas siniestradas de la zona euro, fomentando así políticas insostenibles. Por otra parte, las autoridades alemanas están seriamente preocupadas por las repercusiones económicas y políticas de un colapso del euro. El principal temor es que el fin de la unión monetaria sea un golpe fatal al proyecto europeo.

El comportamiento de Berlín desde el inicio de la crisis del euro ha estado impulsado por estas dos preocupaciones. De ahí su insistencia sobre las condiciones cuando acordó ayudar a los países endeudados. Alemania negocia con eficacia dinero para reformas –y austeridad–.

Las autoridades alemanas están preocupadas por la repercusión de un colapso del euro

Angela Merkel está enviando dos mensajes a Alexis Tsipras. En primer lugar, si Grecia incumple su parte del acuerdo –como decretar una quita unilateral de su deuda– no puede esperar que Alemania se ciña completamente a sus compromisos. En segundo, un nuevo gobierno en Atenas no debería usar la amenaza de abandonar el euro como moneda de cambio en las próximas negociaciones –aunque solo sea porque, en el pensamiento alemán, tal movimiento sería mucho más destructivo para Grecia que para el resto de la zona–.

Eso no implica que el próximo gobierno griego no tenga opciones. El mensaje que Merkel quiere recalcar es que después de que un nuevo gobierno asuma el control en Atenas, Grecia todavía tendrá que negociar un quid pro quo.