Advierte de la brecha entre economía real y financiera

El BCE avisa de nuevo: crecen los síntomas de burbuja

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. EFE

El BCE es el motor indiscutible del rally del que disfrutan los mercados financieros desde el verano de 2012 y es, al tiempo, la institución que advierte de los riesgos que esta apreciación de activos entraña para una economía que sigue mostrándose frágil y débil.

La institución que preside Mario Draghi vive en la paradoja de estar creando las expectativas que llevan a la deuda soberana de la periferia europea a renovar estos días mínimos históricos mientras alerta de los peligros que suponen la creciente brecha entre la economía financiera y la economía real.

El BCE publicó ayer su informe de estabilidad financiera, en el que señala que “el clima de los mercados financieros, en general alcista, contrasta con la débil, frágil y desigual recuperación económica, a pesar de los progresos realizados en el tratamiento de las vulnerabilidades de las entidades de crédito y de los emisores soberanos”. Y avisa de tres riesgos concretos que, en este escenario, trae la “continua búsqueda global de rentabilidad”, que lleva a los inversores a seguir adquiriendo deuda soberana con rentabilidades en mínimos.

El BCE advierte, y no es la primera vez que lo hace, del peligro de “una brusca reversión” en esa búsqueda de rentabilidad. Es decir, de un cambio drástico del rumbo alcista de los mercados que además pueda ocasionar situaciones de iliquidez en algunos activos, vinculado a “un uso creciente del apalancamiento en el sector financiero no bancario”. El BCE apunta así directamente a los riesgos de la banca en la sombra, un actor con un papel creciente en la financiación global y que escapa a la regulación bancaria. “Ello exige continuos esfuerzos por mejorar la vigilancia de las actividades bancarias en la sombra”, señala el BCE.

El Banco central Europeo apunta como segundo riesgo a la baja rentabilidad de los bancos de la zona euro, que califica de “persistentemente estancada”. Va más allá al advertir de que puede convertirse en un problema sistémico, en el caso de que la banca, en un entorno de débil crecimiento, se vea tentada a tomar más riesgo para elevar su rentabilidad, “que puede hacerla más vulnerable ante futuros shocks”.

El crédito, la base del negocio bancario, “sigue siendo escaso, pese al apoyo excepcional del BCE, debido a una combinación de debilidad de la demanda y de condiciones de concesión de créditos en algunas áreas de la economía que podría desalentar la toma de préstamos y de inversión”. En definitiva, créditos aún caros y escasos a pesar de las últimas iniciativas del BCE.

Precisamente, Mario Draghi pedía ayer más tiempo para evaluar el impacto de las últimas medidas adoptadas, respondiendo así a la creciente presión del mercado para que adquiera también deuda corporativa y soberana. El vicepresidente del BCE, Vítor Constancio, señaló ayer también que si la entidad se decide por comprar deuda soberana no lo hará para ayudar a países específicos, sino que se trataría de un programa de compra de deuda “a gran escala para el conjunto de la zona del euro”.

El tercero de los riesgos que aprecia el BCE es la reaparición de las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda de algunos países, en un contexto de lento crecimiento y de “vacilantes” políticas de reformas estructurales. Los gobiernos de la zona euro han abaratado significativamente su coste de financiación, pero afrontan altos niveles de endeudamiento y un cambio de sesgo en el mercado podría comprometer sus objetivos.