Editorial

Los dos riesgos que España debe afrontar

El enfriamiento económico que vive la zona euro amenaza con pasar una seria factura a la recuperación española. Como consecuencia de ese frenazo, la Comisión Europea ha rebajado casi en una cuarta parte sus previsiones de crecimiento para España en 2015, que han pasado de un 2,1% a un 1,7%. Bruselas reconoce que la salida de la crisis está siendo extraordinariamente lenta en la zona euro, lo que la lleva a situar 2015 como un año de transición en lugar del año de la recuperación definitiva, tal y como se esperaba hasta ahora. Como recordaba ayer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en un encuentro con las empresas familiares españolas, España está creciendo más que el resto de los países de la zona euro. Frente a un escenario que incluye la vuelta a la recesión por parte de Italia, el estancamiento de Francia y el deterioro del motor alemán, el repunte español no ha sido fruto de la magia, sino de una sacrificada combinación de ajustes presupuestarios y reformas coyunturales. Pese a ello, la enorme bolsa de desempleo que arrastra nuestro país obliga a la economía española no solo a crecer, sino a hacerlo a un ritmo que no debería bajar del 2% del PIB que el Gobierno prevé para 2015.

A día de hoy, ese objetivo de crecimiento cuenta con dos amenazas claras. La primera de ellas es otra posible recesión en la economía europea, un paso atrás que tendría consecuencias nefastas e inmediatas para España. La segunda es la preocupante pérdida de confianza en la recuperación de la propia sociedad española y de parte del tejido empresarial. Un ejemplo de ello es la encuesta hecha pública ayer en el marco de la reunión entre Rajoy y los empresarios del Instituto de la Empresa Familiar, de los que la mayoría cree que la reactivación económica será “moderada” y la creación neta de empleo “limitada”. A este clima de desconfianza contribuye un escenario público que se ha visto salpicado en los últimos tiempos por múltiples casos de corrupción y que pueden abrir la puerta a opciones políticas antisistema capaces de perjudicar seriamente la imagen de España en los mercados. La historia demuestra que no existe recuperación económica sin estabilidad y confianza política, unos valores que nuestro país debe recuperar si quiere avanzar con buen ritmo hacia la consolidación de la actividad.

La solución para ambos riesgos pasa por seguir reformando y flexibilizando el marco económico, así como por aplicar con severidad todo el aparato sancionador del Estado de Derecho contra los casos de corrupción política y económica que han sacudido la vida pública. En esa tarea España se juega el enorme esfuerzo realizado en los últimos años para salir de una crisis cuya factura aún no hemos terminado de pagar.