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Las taras de Tesco

Tesco ha dejado escapar una oportunidad de oro. Los supermercados de Reino Unido podrían haber ganado confianza en su futuro con una declaración contundente de su estrategia y un conjunto clave de números semestrales. Podría haber dado los primeros pasos para la recuperación, pero Tesco parece tan atrapado como siempre.

El grupo ha puesto punto final a los errores contables revelados en septiembre, al menos en términos de impacto financiero. Haber subestimado la exageración de sus previsiones es un golpe a su credibilidad pero el presidente Richard Broadbent ha demostrado responsabilidad y ha dimitido.

Aun así, no hay todavía sustituto para Broadbent. Y la investigación sobre el problema de contabilidad ha expuesto aún más la profundidad de los fallos en los controles de Tesco. Las malas prácticas se remontan a hace por lo menos un par de años.

Sus títulos podrían haber lidiado con esto si el rendimiento subyacente hubiera estado estabilizando, pero se está deteriorando. La caída del 3,7% en las ventas comparables en el núcleo de su negocio en Reino Unido durante el primer trimestre empeoró a un 5,4% en el segundo. En el extranjero, el panorama es también sombrío. Como el rendimiento operativo ha sufrido, la posición de la deuda de Tesco se ha deteriorado –la cifra neta de 7.500 millones libras es 500 millones libras mayor que hace 12 meses–.

El nuevo consejero delegado Dave Lewis está llevando a cabo una revisión exhaustiva. Él quiere, dice, ser más competitivo en Reino Unido, reforzar el balance, y reconstruir “la confianza y la transparencia” en el negocio de Tesco y en su marca.

Eso está muy bien, pero la ausencia de un compromiso para simplificar Tesco y la incapacidad para decir que reforzará el balance con la venta de activos es desconcertante. También lo es la escasez de ideas para recuperar la competitividad en Reino Unido. Puede que Lewis desee mantener sus opciones abiertas, pero los problemas de Tesco no pueden esperar.