El mercado inmobiliario comienza a reaccionar

La construcción toma impulso y ahora ¿qué?

Un obrero trabaja en la construcción de una vivienda de Bilbao. EFEArchivo
Un obrero trabaja en la construcción de una vivienda de Bilbao. EFE/Archivo EFE

Paso a paso o, lo que es lo mismo, trimestre a trimestre, los indicadores del mercado inmobiliario en España sustentan la tesis de que la crisis ha tocado suelo. Los precios recuperan las tasas positivas, las compraventas mejoran respecto al año pasado y, como consecuencia de todo ello, en algunos enclaves aún muy selectos han vuelto a emerger las grúas. El mercado comienza a reaccionar.

La vuelta del crédito, mucho más exigente pero crédito al fin y al cabo, ha sido determinante en el hecho de que cada día se suscriban más transacciones y una parte importante de ellas, el 38,8%, se financien de nuevo con hipoteca. Sin embargo, el Gobierno y las empresas de la construcción han admitido que la vuelta a la situación de mediados de los años 2000 no es ni previsible que vaya a repetirse, ni deseable por los efectos perversos que causó el estallido de la dichosa burbuja. Ahora bien, si el mercado inmobiliario no se recupera del todo, tampoco lo hará la economía española.

¿Puede volver a repetirse un boom como el anterior? Si no se toman las precauciones debidas, sí. De hecho, los boom inmobiliarios en España son cíclicos, lo que quiere decir que si todos los factores que propiciaron el anterior volvieran a conjurarse (financiación muy barata, alto nivel de empleo y perspectiva de rápida revalorización de los inmuebles, entre otros), no sería descabellado apostar por el siguiente.

Por suerte, ya se han tomado medidas para que eso no pueda suceder de nuevo. Las primeras y más relevantes fueron las de carácter fiscal. La eliminación de la deducción en el IRPF por compra de la vivienda habitual ha devuelto la cordura a un sistema donde todo estaba pensado en pos del propietario y nada en favor de arrendadores e inquilinos. Primera lección, aparentemente aprendida.

La segunda es la relativa al crédito. Ni todas las nuevas familias pueden acceder a una casa en propiedad cuando se emancipan, ni el alquiler debe seguir siendo considerado como una opción de segunda. Hay que recordar que los países que siempre se ponen de ejemplo como modelos a seguir en materia de política social de vivienda son aquellos que cuentan con amplios parques de pisos protegidos, pero, eso sí, en régimen de alquiler.

El Ministerio de Fomento ha puesto en marcha un nuevo plan cuatrienal que se regirá por esa máxima: nada de subvencionar más VPO en propiedad y todo para arrendar. Además, se apuesta por la opción más eficiente: para qué construir más casas cuando se pueden rehabilitar muchas desocupadas o infrautilizadas.

Es decir, es preferible otorgar financiación a quien de verdad pueda pagar una casa sin comprometer más del 30% de su renta y a plazos razonables que conceder hipotecas al 100% a 40 años a quien apenas cobra el salario mínimo. Y, por supuesto, el préstamo al promotor tendrá que ser a cambio de que el empresario también arriesgue parte de su patrimonio y no fíe todo su beneficio a la subrogación de los futuros hipotecados.

Ni que decir tiene que la dependencia de las administraciones a la planificación urbanística, tantas veces asociada a la corrupción se tendrá que erradicar. Para saber si estas otras lecciones se han aprendido, habrá que esperar.