Presiona a Atenas para que pida una línea preventiva de crédito

Bruselas intenta calmar al mercado con la prórroga del rescate a Grecia

El primer ministro griego Antonis Samaras, junto a Matteo Renzi y José Manuel Durao Barroso.
El primer ministro griego Antonis Samaras, junto a Matteo Renzi y José Manuel Durao Barroso. REUTERS

El segundo rescate de Grecia, puesto en marcha en 2011, llega a su fin dentro de dos meses y el Gobierno de Antonis Samaras desea despedirse definitivamente de la troika como hicieron Irlanda y Portugal tras el final de sus rescates en diciembre de 2013 y mayo de 2014.

Pero la zona euro considera que Atenas necesitará todavía algún tipo de ayuda en los próximos meses o años. En el peor de los casos, un tercer rescate. Y como mínimo, una línea de crédito preventiva con cargo al fondo de rescate de la zona euro.

La línea de crédito, que nunca se ha utilizado, es la opción la preferida por la mayoría de los socios porque permitiría reservar una partida del fondo de rescate para préstamos directos a Atenas o, incluso, si hiciera falta, para cubrir hasta el 50% de las futuras subastas de deuda púbica griega.

“Que nadie dude de que Europa continuará apoyando a Grecia en todo lo que sea necesario para garantizar que se puede financiar en condiciones razonables”, señaló en un comunicado el comisario europeo de Asuntos Económicos, Jyrki Katainen. Y Klaus Regling, director gerente del fondo de rescate (Mecanismo Europeo de Estabilidad), subrayó, en una entrevista concedida a MNI, que “la idea de que Grecia debe tener un mecanismo preventivo cuenta con muchos apoyos en la zona euro”.

La Comisión Europea y el Eurogrupo (consejo de ministros de Economía de la zona euro) insisten desde hace meses que la intervención de Grecia ha sido un éxito y que se ha garantizado la sostenibilidad de la deuda griega. Pero Bruselas reconoce ahora que las turbulencias de las últimas horas indican que el mercado no cree que Atenas pueda sobrellevar sin ayuda exterior una deuda del 175% del PIB (112% en 2008, antes de la crisis). Con esas cifras de fondo, el Eurogrupo del pasado lunes en Luxemburgo advirtió al ministro griego que la salida del programa de rescate debe ser “sostenible, prudente y creíble”, unas condiciones que no parecen posibles sin una red de seguridad europea.

Para el gobierno de coalición de Samaras (populares y socialistas), sin embargo, la prolongación de la asistencia europea puede suponer un batacazo político en un momento en que la oposición de izquierdas, liderada por Syriza, pretende forzar elecciones anticipadas a principios de 2015, aprovechando la previsible falta de mayoría en el parlamento para elegir nuevo presidente de la República.

Los sondeos indican que, en caso de comicios adelantados, Syriza podría convertirse en la fuerza más votada y llegar al Gobierno con una agenda que, en principio, podría incluir una renegociación de la deuda.

Atenas se resiste

La amenaza electoral en ciernes complica la petición de una línea de crédito preventiva, que debe ser iniciativa de Atenas. Las ventajas parecen evidentes porque Grecia podría pedir un préstamo en cualquier momento al fondo de rescate (hasta una determinada cantidad) o contar con su apoyo para facilitar la colocación de la deuda pública en el mercado.Pero ambas medias obligarían a Atenas suscribir un nuevo Memorándum de condiciones macroeconómicas, lo que prolongaría la presencia de la troika en el país. Una troika cuya impopularidad alcanza tales niveles que la última reunión con el gobierno griego tuvo que hacerse en París.

El Gobierno de Samaras prefiere recibir antes de fin de año el último “cheque” del segundo rescate, 1.800 millones de un total de 144.700 millones. A partir de 2015 confiaba en medidas de alivio por parte de la zona euro (como la prolongación de los plazos de reembolso) y en seguir recibiendo los préstamos pendientes del FMI (hasta mediados de 2016). Un panorama muy halagüeño que parece haberse hecho añicos en las últimas 48 horas.

El BCE echa una mano a los bonos griegos

El Banco Central Europeo anunció ayer que va a mejorar el tratamiento que concede a la deuda pública griega, a la que ahora impone importantes recortes como condición para aceptarla como colateral. El BCE aseguró que la rebaja de ese haircut no obedece a las sacudidas de los últimos días “sino a las mejores condiciones en general para este tipo de activos griegos desde 2013”. La medida, en todo caso, puede ayudar a la financiación de los bancos griegos, que, como todos los de la UE, se enfrentan la próxima semana a los primeros tests de estrés realizados por el BCE como nuevo supervisor financiero. El BCE también anunció el 2 de octubre que incluiría los títulos griegos en su plan de compra de deuda privada, pero solo si Grecia sigue bajo el paraguas de la zona euro. Es decir, con un tercer rescate o una línea de crédito preventiva.