Editorial

Paradoja virtuosa en el automóvil

El sector español de la automoción vive en medio de una paradoja virtuosa: no cuenta con ninguna empresa nacional, ya que todas las plantas pertenecen a multinacionales y, a pesar de que ese escenario hace que las decisiones estratégicas y de inversión se tomen lejos de nuestras fronteras, estas son cada vez apuestas más claras por las factorías aquí instaladas. Ayer, la secretaria general de Industria, Begoña Cristeto, concretó lo que era un secreto a voces: llegarán fuertes inversiones a las plantas españolas, que se pueden cuantificar en unos 5.000 millones en los próximos cinco años, que llevarán de la mano no menos de 6.000 nuevos empleos directos y unos 25.000 puestos de trabajo indirectos en el conjunto del sector.

Un marco favorable a la inversión industrial –en el que aún faltan precios energéticos más competitivos– y unas importantes ayudas a la venta en el mercado interior en forma de planes PIVE sirven de acicate para que las multinacionales apuesten por producir en España nuevos modelos. Pero tan importante como ello es la elevada fiabilidad de las fábricas españolas y su nivel tecnológico y de cumplimiento de plazos, algo que sería imposible sin una muy bien entendida colaboración entre las empresas y sus plantillas, que han entendido que la flexibilidad laboral es una garantía de futuro.