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Francia mira a las reformas

Manuel Valls parece y suena como un reformador serio y dedicado que hará lo que sea necesario para sacar a Francia de su depresión. Al primer ministro galo no le resulta difícil convencer al público europeo –en Alemania hace dos semanas, en Londres el 6 de octubre– de que intentará actuar. “Mi gobierno está a favor de los negocios” es la única frase que pronunció en inglés en su discurso en Londres.

Los inversores internacionales parecen dispuestos a darle el beneficio de la duda. El reto más inmediato de Francia es convencer a la Comisión Europea de que el país tiene un plan fiscal creíble. Con eso, Bruselas estaría dispuesta a relajar los términos del llamado pacto fiscal, que exige a los miembros de la zona euro reducir su déficit fiscal por debajo del 3% del PIB. La ratio de Francia estará por encima de 4% este año y el próximo.

Valls tiene bien establecidas sus prioridades. Las reformas como una rebaja de impuestos de 40.000 millones de euros hacen aumentar el déficit fiscal a corto plazo. Y una recuperación económica casi invisible empeora la situación fiscal francesa: la recaudación de impuestos es menor de lo proyectado, mientras que los gastos de asistencia social son más altos. Doblar los recortes de gastos reduciría aún más las ya escasas esperanzas de crecimiento de Francia.

La pregunta es si Bruselas aceptará esta lógica. La política, igual que la economía, decidirá. Tiene sentido que las autoridades europeas sean compasivas. El impulso de Francia –unido al de Italia– para utilizar la flexibilidad que permiten las normas comunes parece un último esfuerzo para mantener a la segunda y tercera potencias económicas de la zona euro a bordo. La alternativa, una decisión unilateral de suspender la adhesión al pacto fiscal, sería mucho más peligrosa para el proyecto europeo.

Valls no puede permitirse el lujo de sacrificar las reformas económicas a largo plazo en aras de la austeridad a corto. No está pidiendo un rescate. El resto de Europa debería ayudar a que nunca tenga que pedir uno.