Defrauda al mercado al no concretar el volumen de compras de activos

Draghi hace un alto y lanza un órdago a los Gobiernos

El BCE empezará a comprar cédulas hipotecarias garantizadas a mediados de octubre

No da detalles del monto total del programa, pero aceptará deuda privada de Chipre y Grecia

"Hemos tomado una cantidad masiva de medidas, y aún tenemos que ver sus efectos"

El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi REUTERS

Mario Draghi no consiguió encandilar en esta ocasión. Su intervención tras el consejo de gobierno del BCE celebrado en Nápoles volvió a ofrecer un diagnóstico “débil” y frágil” para la salud de la economía de la zona euro. Pero no fue esta afirmación, ya realizada en numerosos foros, sino la falta de concreción sobre la cuantía de las compras del programa de deuda avanzado en junio lo que defraudó a los inversores y provocó fuertes caídas en las Bolsas europeas.

No bastaron los detalles que avanzó Draghi sobre el programa de adquisición de activos bancarios, que tendrá “un importante impacto” en el balance del BCE, que aumentará al nivel de principios de 2012. Esto supone un “universo potencial” de compras por un billón de euros, según reconoció el propio el presidente del BCE, aunque sin comprometerse con ninguna cuantía, para decepción de los inversores.

A falta de cifras concretas, tampoco recurrió a una declaración gradilocuente que apuntara a que se harían todas las compras que fueran necesarias, al estilo del comodín prodigioso que encontró en el momento más duro de la crisis de deuda soberana. A cambio, anunció que ese plan de compras tendrá una duración de al menos dos años y comenzará con la adquisición a mediados de octubre de cédulas hipotecarias, a lo que seguirá la adquisición de bonos de titulización a finales de año.

Draghi insistió en que la valoración global de las medidas extraordinarias anunciadas en junio deberá hacerse teniendo en cuenta no solo la compra de titulizaciones y cédulas sino también las líneas de liquidez a cuatro años TLTRO, condicionadas al crédito y cuya primera subasta, realizada en septiembre, registró peticiones muy inferiores a lo previsto. El presidente del BCE recordó que esa liquidez deberá ir dirigida a la concesión de crédito y, de lo contrario, deberá devolverse dos años antes a la institución. Y dibujó, en definitiva, un escenario en el que el BCE parece dispuesto a esperar y ver el efecto de sus últimas decisiones antes de abordar medidas nuevas.

No hubo cifra concreta del volumen de compra de activos, ni tampoco de la velocidad con que se adquirirán ni por cuánto tiempo será necesario mantener en los citados niveles de principios de 2012 el tamaño del balance del BCE. Y esta imprecisón pudo más que la noticia del inicio de las compras este mismo mes. No en vano, la cuestión del tamaño del programa no es baladí, teniendo en cuenta que “el problema que encara el BCE es que el conjunto de activos al que dirige sus compras es demasiado pequeño como par tener un impacto significativo en la economía”, según apunta Schroders. La firma señala que el stock disponible de bonos de titulización es de aproximadamente 250.000 millones de euros, mientras que el de cédulas hipotecarias asciende a 650.000 millones. En cualquier caso, y para que el plan sea realmente efectivo y cumpla el objetivo de reactivar el crédito, deberá centrarse en las nuevas emisiones, aquellas que liberan de riesgo a los bancos.

Draghi señaló que la compra de activos se realizará con criterios similares a los que ahora emplea el BCE en la aceptación de colaterales de la banca a cambio de financiación, una tarea que desempeña desde hace ya diez años. Afirmó que el contenido de los bonos de titulización, es decir del riesgo de crédito que subyace en ellos, debe ser “simple y transparente”. El BCE precisó después a través de un comunicado que las adquisiciones de titulizaciones se harán en el mercado primario (emisiones directas de la banca) y en el secundario (emisiones ya en circulación) y para los tramos sénior, de mayor rating, y mezzanine, de menor calidad, siempre que cuenten con garantía. Además, deben estar protegidos contra reclamaciones a entidades privadas no financieras de la zona euro.

“Incluiremos todos los activos que sea posible pero con prudencia”, señaló Draghi, en alusión a Grecia y Chipre, países con un rating inferior al investment grade. “Para los países por debajo de BBB-, habrá derogaciones que admitan las compras de deuda, con dos salvedades”, explicó Draghi. Una, medidas que mitiguen el riesgo para compras en estos lugares. Es decir, que los activos que se compren tendrán un equivalente de riesgo a los valores que se compren en otros lugares, a nivel de tamaño o tipo. Y otra salvedad: los países tienen que estar bajo un programa de la UE.

Draghi insistió en el compromiso “unánime” del consejo de gobierno del BCE para adoptar otras medidas no convencionales si fuera necesario. “El BCE está preparado”, apuntó. Aunque en esta ocasión tal declaración no se haya interpretado como una disposición a la compra de deuda soberana, un debate en el que Draghi no quiso entrar. El presidente del BCE asumió así el riesgo de decepcionar a los inversores, mientras volvió a insistir a los gobiernos en que no le dejen solo en la tarea de la reconstrucción económica de la zona euro.
Lejos de complacer con la promesa de compra de deuda pública, Draghi reiteró su llamamiento a los políticos para que pongan en marcha reformas estructurales y políticas de estímulo que sirvan de refuerzo a las medidas de política monetaria. “Cada actor tiene su papel”, advirtió Draghi, que reiteró que la actuación del BCE por sí sola no basta.

El presidente del BCE rechazó que exista ningún tipo de regateo con los gobiernos de la zona euro, negando la idea de que esté condicionando la adopción de nuevas medidas a la puesta en marcha de nuevas iniciativas políticas. Y afirmó que “los países que tienen más margen maniobra fiscal han de usarla para mejorar las condiciones”, en clara alusión a Alemania. Y abogó también por la implementación de reformas “no solo en Italia sino en el conjunto de Europa”. También en Francia, que ha avanzado su dificultad para avanzar en el objetivo previsto de recorte del déficit.

Una declaración que se encontró con la protesta en las calles de Nápoles contra las políticas de austeridad.