Cuatro pilares del nuevo curso académico

La apertura del curso académico es un acto cargado de protocolo. Se celebra en estas fechas y cada año rota. En esta ocasión, se ha celebrado en mi Universidad. Hemos podido escuchar los discursos y la estrategia (¿aspiracional?) del Ministerio de Educación y Cultura. El Ministro Wert ha planteado cuatro ejes para la universidad española del futuro. Habrá que ver cómo se implementa esta estrategia, qué costes supone, qué política científica le acompaña o qué modelo de gobernanza se impone. La universidad española necesita una gran transformación. Éstos son los pilares que ha enumerado en su discurso y las preguntas que abre ante el nuevo curso académico.

La excelencia y la modernización. Consiste en lo siguiente: “encaminar la Universidad a estándares que hagan de ella una institución que contribuya al desarrollo científico, a una economía basada en la innovación y, sobre todo, a mejorar la vida de las personas”. Pero la excelencia no puede medirse solo con los rankings internacionales. Tendremos que pensar el catálogo de universidades que necesitamos para ajustarnos a la sociedad del conocimiento, valorar qué y cómo desarrollar hubs de innovación, plantearse qué alta política se necesita para EuroHarvard y contar con varios proyectos paralelos. Esto nos conduce al segundo punto.

La especialización. Después de un periodo extenso de universalización de la educación superior, toca replantearse la oferta y abandonar la apuesta generalista. No podemos tener copias idénticas cada doscientos kilómetros. No es bueno para los graduados ni para los profesores. Tampoco para la sociedad, que recibe egresados cuya formación no puede asimilar. La especialización, en mi opinión, ha de vincularse a numerosos factores: desarrollo territorial, recursos económicos, tradición, deseo de innovación, liberalización de procesos administrativos y transparencia en los procesos de toma de decisiones. No seamos extremos: harán falta titulaciones generalistas, pero demos una oportunidad a las universidades especializadas y fomentemos núcleos de innovación en torno a ellas.

El talento. El Ministro Wert ha resaltado que volveremos a tasas de reposición de entre el 10 y el 50%. Prefiero analizar qué tipo de profesorado e investigador necesitamos para esta gran transformación. Se nos pide cada vez más y cumplimos a rajatabla con aquello que proponía OECD: hacemos más con menos. Sí, necesitamos talento internacional y premiar la calidad, pero ¿disponemos de presupuesto para pagar mudanzas, estancias, invitaciones? ¿habrá convocatorias en agosto para ello? ¿serán competitivas? El talento, la disputa por él, es uno de los temas de nuestro tiempo. Pero si queremos que los científicos se instalen en España y produzcan resultados (esto es I+D, innovación, transferencia tecnológica) tenemos que ofrecer algo más que un contrato precario. La movilidad es, por cierto, un problema europeo. España podría liderar este asunto en la nueva Comisión Europea: las cotizaciones cruzadas entre países para investigadores han resultado perjudiciales para sus propios intereses. Por eso, no hay tanto movilidad como se desearía.

La gobernanza. Es el punto que abre y cierra el modelo de universidad. Viene a colación con el anuncio de los grados de tres años. Volvemos a empezar. No podemos ser competitivos si cambiamos las reglas del juego cada periodo electoral. No entro en si debemos aceptar la mayoría europea (3 años en grado, 2 en máster) o la nuestra (4 más 1), sino en apostar por un sistema y dotarlo de herramientas. ¿Cuánto durará este juego de 3 ó 4 años en grado? ¿Es una decisión consensuada con las autonomías? ¿qué piensan otros partidos con representación parlamentaria? ¿Qué hacemos con el 25% sobrante? ¿Qué aulas necesita un máster frente al grado? Las decisiones no son inocuas, sino que alterar el ecosistema y hasta el diseño de las instalaciones. Aquí es donde reclamo esa alta política que no juegue con el futuro de la universidad, sino que establezca un marco consensuado que permita su normal desarrollo y adaptación a la sociedad del conocimiento.

En suma, que en la apertura de curso, todos tenemos buenos deseos. Ojalá se cumplan y se acompañen de medidas concretas. Es un reto para todos.

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