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Una solución para Reino Unido

Después de que Escocia votase a favor de permanecer en el Reino Unido el pasado 18 de septiembre, el primer ministro británico David Cameron se comprometió a honrar las promesas de dar más poder a las regiones en la recaudación de impuestos y el gasto. Y añadió también la capacidad de vender bonos.

Con Escocia o sin Escocia, el hipercentralista Reino Unido se beneficiaría de la descentralización. Apenas delega en promedio el 5% de la recaudación de impuestos, en comparación con el 30% de Alemania, según una investigación de la Universidad de Stirling. Esto no quiere decir que valga copiar el modelo de Berlín. Las autoridades subcentrales alemanes tienen limitada su autonomía real. Sus facultades para endeudarse son reducidas. Un complicado sistema de transferencias fiscales hace que los estados ricos entreguen sus excedentes para tapar los déficit de los vecinos más pobres.

Canadá, Suiza y Estados Unidos proporcionan un modelo más relevante. En esos países, los llamados subnacionales –por ejemplo, los estados y las ciudades de EE UU– emiten deuda respaldada solo por su propio crédito. Los incumplimientos no ensombrecen la solvencia del estado soberano. Si Edimburgo o Cardiff pudieran acceder directamente a los mercados de capitales, podrían evitar la dolorosa elección en tiempos difíciles entre las dañinas restricciones de déficit al estilo de la eurozona o la petición de ayuda a Londres.

Por supuesto, todo podría salir mal. Algunos políticos ingleses ya están afirmando que en un parlamento inglés debería darse el mismo nivel de descentralización que en Edimburgo. Pero permitir una Escocia hiperdescentralizada o un parlamento inglés descentralizado que pueda pedir prestado de forma subsoberana podría no funcionar, según el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social (NIESR, por sus siglas en inglés).

Los británicos apenas delegan una media del 5% de su recaudación de impuestos frente al 30% de los alemanes

En efecto, estos subsoberanos podrían ser considerados demasiado grandes para quebrar. Los inversores fijarían tasas de interés bajas sobre la deuda de Escocia, ya que esperan que el Reino Unido venga al rescate en caso de problemas en el norte. Este sesgo de rescate está probablemente justificado. Los gobiernos centrales a menudo se ablandan ante la perspectiva de una gran quiebra regional. La ciudad de Nueva York fue rescatada en 1975.

Hay otros problemas. Si un parlamento inglés con el control del 85% del Reino Unido emitiese deuda subsoberana, podría haber sesgo de la inflación. El endeudamiento imprudente del miembro dominante de la Unión podría forzar el ajuste de la política monetaria para ayudar a manejar la deuda, en vez de prevenir que la moneda sea devaluada.

Más lógico sería dividir el Reino Unido en 12 regiones con una población promedio de unos cinco millones de personas (nueve inglesas además de Escocia, Gales e Irlanda del Norte). Si todas fueran más o menos del mismo tamaño se reduciría las posibilidades de un gran vecino al rescate, según el NIESR. El sesgo de la inflación podría ser manejado mediante una versión británica de la Reserva Federal de Estados Unidos.

La Reserva Británica podría evitar el vórtice de la eurozona hallado por el BCE. Habría que hacer una distinción rígida entre la deuda nacional del Reino Unido, elegible como garantía en sus operaciones de liquidez, y la deuda subsoberana que no lo sería.

El obstáculo es la política. En la actualidad la financiación galesa, escocesa y norirlandesa se establece por la controvertida fórmula Barnett. Escocia e Irlanda del Norte hacen un buen negocio. Cualquier nuevo acuerdo sería controvertido y los escoceses considerarían algo menos generoso de lo actual como una traición.

Por último, las 12 regiones tendrían diferentes expectativas. Los escoceses ya deciden el 50% de su gasto y muchos quieren todos los impuestos y el gasto descentralizados. Pero otras regiones no van a querer ahora todo esto. Otra cuestión es la división del costo de las necesidades basada en prestaciones y pensiones.

Aun así, no tiene por qué ser imposible elaborar un más lógico y descentralizado Reino Unido. Sin duda, sería mejor que una nación desequilibrada, con una Escocia enormemente descentralizada y resentida, acorralada por regiones inglesas de igual tamaño. Pero si se trata de volar, Londres tendrá que vencer sus temores ante la posibilidad de dejar que las regiones se levanten sobre sus propios pies.