Editorial

El motor interno echa por fin a andar

Los signos de recuperación de la demanda interna en España no solo comienzan a advertirse en las cuentas de las empresas con mayor musculatura comercial –es el caso de Inditex, que ayer confirmaba el repunte de las ventas del grupo en nuestro país–, sino también en las estadísticas de la contabilidad nacional. El déficit comercial, esto es, la diferencia entre las exportaciones y las importaciones, se duplicó durante los seis primeros meses de 2014 debido al potente crecimiento de las importaciones, que avanzaron un 6,5%, hasta niveles no vistos desde 2011, frente al tímido comportamiento de las exportaciones, que lo hicieron solo en un 1,6%.

Los últimos datos sobre la salud del sector exterior, sin embargo, señalan que tras el alarmante pinchazo sufrido en el segundo trimestre del año, las exportaciones vuelven también a cobrar fuerza. La prueba está en un mes de julio que ha marcado un récord en la serie histórica que elabora el Ministerio de Economía, comenzada en 1971. Las empresas españolas vendieron al exterior en ese mes bienes por valor de 21.584 millones de euros, lo que supone casi un 9% más. Pero el hecho de que el consumo de los hogares y la inversión empresarial hayan por fin comenzado a activarse explica el fuerte desequilibrio que se aprecia en la balanza comercial.

Un vistazo al desglose de las importaciones confirma que el esperado despegue de la demanda interna en España es un hecho. A la cabeza de la estadística se sitúa el sector del automóvil, con un crecimiento superior al 23% –ligado al aumento de compras de vehículos y de componentes–, seguido de las importaciones de bienes de equipo, que han crecido un 11,6%. Este último dato constituye una muestra elocuente del rearme de la industria y de su necesidad de garantizar el suministro a las cadenas de proveedores. El fuerte peso ejercido por el sector del motor en el aumento de las importaciones –dos tercios– confirma el valor estratégico que ofrece este mercado, que se ha convertido en uno de los pocos sectores productivos capaces de arrojar crecimientos de dos dígitos, según datos del INE.

España se ha convertido, sin competencia alguna, en el país de la eurozona en el que más crecen las importaciones, mientras que las exportaciones siguen ostentando el segundo lugar, solo por detrás de Alemania. Ambos datos son excelentes noticias de cara a la reactivación de nuestra economía, al tiempo que grandes retos para su consolidación. Las empresas exportadoras españolas han tenido un comportamiento extremadamente competitivo y audaz durante la crisis y ese tesón debe seguir manteniéndose en la recuperación. A ello hay que sumar ahora un deshielo de la demanda interna que hace menos de un año parecía todavía lejano y que hoy, con los datos en la mano, es una realidad que es necesario alimentar.