No hay que pecar de un excesivo formalismo

Cómo será el ‘look’ del ejecutivo del futuro

En España se ha pecado de un exceso de formalismo en la vestimenta

No se trata de tener una imagen desatendida, sino adecuada a las circunstancias

Cómo será el ‘look’ del ejecutivo del futuro

Elegir la ropa que uno va a ponerse cada día de trabajo es sinónimo de comedura de cabeza. Y más aún si se tiene un tatuaje o un pendiente que haya que ocultar. La situación se vuelve mucho más complicada si se trata de un alto directivo o un hombre de empresa. La vestimenta ha de estar a la altura del cargo que se representa y de la posición que se ocupa en la compañía.

 Si bien es cierto que el directivo ha de ir arreglado, la tendencia ha cambiado en los últimos años. “Existe una propensión a ir mucho más casual a trabajar. La vestimenta y la estética son al fin y al cabo una forma que tenemos de mostrarnos hacia fuera. Si la sociedad evoluciona, lo normal es que nuestro físico también lo haga”, explica Nekane Rodríguez, directora de Lee Hecht Harrison, agencia de recolocación del grupo Adecco. Por ejemplo, Sergio Marchionne, director ejecutivo del grupo Fiat, es conocido por no usar ni traje ni corbata.

 Carlos Alemany, socio director en Alemany & Partners, coincide. Eso sí, hace hincapié en que la indumentaria tiene que ir acompañada de cada trabajo. “La vestimenta tiene que ir evolucionando, pero ha de ir acorde a cada trabajo. En reuniones en las que alguien vaya a relacionarse con el cliente, habrá que guardar unas formas concretas. También por respeto”, explica. Esto cambiará en los momentos menos formales, “como reuniones poco serias o momentos en los que no hace falta estar de cara al público. Este cambio ha sido algo necesario, ya que en España hemos pecado de un excesivo formalismo”, añade.

La importancia de la flexibilidad

La vestimenta cambia en función de cada empresa. Cristóbal Fernández, director de comunicación de Tuenti, afirma que “el impacto de un sector joven, fresco y dinámico como el de internet y la tecnología han contribuido a que se apueste por códigos de vestimenta más cómodos y flexibles entre los directivos”. Así se produce una adaptación a las características propias de la compañía. “Somos partidarios de que la oficina sea un espacio en el que te sientas como en casa. De ahí que en verano, por ejemplo, vayamos en chanclas y pantalón corto”, comenta.

Fernández recurre a lo necesaria que es la flexibilidad en las normas de estilo y en la comodidad a la hora de vestir y a respetar la diversidad. En Tuenti podremos ver directivos tatuados o con pendientes. “Si estamos rompiendo estándares en el mercado de las telecomunicaciones y de la tecnología en general, ¿por qué no hacerlo también en el aspecto físico?”

Además, es necesario distinguir entre los diferentes sectores dentro de una misma empresa. “Igual que hay que adaptar la vestimenta a la compañía, es necesario ajustarla a la función que se desempeña”, afirma Alemany. Rodríguez va mucho más allá. Igual que es necesario hacer distinciones entre empresas y directivos, también hay que hacerla entre una ciudad y otra. “No es lo mismo trabajar en Barcelona que hacerlo en el sur de España”.

La diferencia entre los países es obvia, tanto que las formas de vestir también traspasan fronteras. Cada vez es más habitual encontrar empresas en España en las que se ha institucionalizado el casual day (práctica importada de Estados Unidos que consiste en vestir ropa cómoda sin descuidar la elegancia y las formas).

Lo que es innegable es que la imagen ha cambiado en las últimas décadas. Y todo apunta a que lo seguirá haciendo durante los próximos. ¿Cómo vestirá el directivo en un futuro?

Hace unos años había unos patrones de vestimenta casi inamovibles que todos aceptaban. “Nos hemos dado cuenta de que esto es algo que había que cambiar”, afirma Rodríguez. Las razones de este cambio son muchas. “En España hemos confundido el formalismo con la adecuación”, afirma. “Y eso es lo que ha llevado a que explote una modalidad como el casual day”, añade.

La adecuación se refiere a llevar la ropa oportuna en cada momento. “Hay que moverse en torno a la flexibilidad, intentar que no haya una norma y que el tipo de ropa varíe en función de cada día”, afirma Rodríguez.

Coherencia antes que apariencia

Rodrigo Miranda, director general de Internet Academi (centro educativo de formación sobre internet) apuesta porque la imagen sea coherente con la popia compañía. “Los que estamos en el mundo de internet podemos llevar una imagen más joven y más casual”, explica.

A pesar de ello, Miranda reconoce que cuando va a una reunión con clientes tampoco se pone traje y corbata. “Intento que cada uno vista como es. Doy más importancia a ser coherente que a la apariencia, porque si vistes de una forma incómoda a la que no estás acostumbrado, el cliente lo nota y puede llegar a desconfiar de ti. Con los tatuajes ocurre lo mismo: lo importante es la naturalidad”.

También hay otras conductas que han cambiado. “La importancia de la salud es más significativa que la propia vestimenta. Estar en forma y encontrarse bien consigo mismo es algo que todos notan. La salud también viste”-

Este cambio en la indumentaria no significa que se esté descuidando la imagen que se quiere mostrar. “A pesar de esta relajación en los códigos de vestimenta, cada día la imagen proyectada va adquiriendo más importancia y los directivos son más conscientes de ello”, afirma Sara Largo, presidenta de la Asociación Española de Asesores de Imagen y Personal Shopper (Asedai). “Cada vez es más frecuente ver a directivos transgredir esas pautas no escritas para buscar una imagen más acorde a su persona”, añade.

No se trata de tener una imagen desatendida, sino de adecuarla a las necesidades. “El talento no está condicionado a la forma de vestir. Cuanto más a gusto se sienta una persona, mejor trabajará y mejor desempeñará sus funciones”, afirma Aixa Poisneuf, directora de marketing de Playthe.net, medio digital dedicado a la publicidad. “Y en estar a gusto también se incluye el tipo de ropa que se lleva”, añade.

Y, ¿qué decir de los tatuajes, los pendientes y las demás modalidades de decoración del cuerpo? Cada vez están más presentes en la sociedad, sobre todo en la gente joven. “Si una persona es válida, lo seguirá siendo aunque tenga tatuajes. A mí no me gustan, pero habrá que aprender a respetar la diversidad y los gustos de cada persona”, afirma Alemany.

La imagen corresponde a las pautas que marca la sociedad. Si esta cambia, el estilo a la hora de vestir también lo hará. “Hay varias prendas que han dejado de ser consideradas como frívolas para gozar de cierto toque formal, como gafas con muchos colores, relojes o calzado”, afirma Largo. “Sin embargo, mucha gente sigue percibiendo los tatuajes como algo demasiado informal que genera cierta desconfianza en determinados sectores de la sociedad”.

“Esta tendencia de cambio se ve sobre todo en la gente joven, que es la que ha abierto las puertas del cambio”, explica Rodríguez. Los tatuajes y adornos están sobre todo presentes en el sector juvenil, “así que cuando esta gente crezca y tenga que ocupar los puestos de trabajo futuros, la moda del tatuaje se sentará con ellos en las sillas de la oficina”, explica. Una evolución parecida ocurrió con el caso de las mujeres. “Se incorporaron hace poco a los consejos de dirección y con ello cambió su vestimenta. Casi ha desaparecido el traje ejecutivo de los ochenta y noventa”, recuerda Largo.

El look de los directivos variará en función de cada empresa. Las compañías emergentes dedicadas a internet y a las telecomunicaciones tendrán estilos más variopintos. En las más tradicionales, los cambios vendrán más despacio. “Sólo hay que ver cómo ha cambiado todo en las últimas décadas y lo poco que ha variado en proporción el estilo de los directivos de las empresas más clásicas”, explica Largo.