Editorial

La Comisión de Juncker debe acelerar

Los miembros de la Comisión Europea que presidirá Jean-Claude Juncker, entre ellos el español Miguel Arias Cañete, iniciaron ayer y continuarán hoy en Bruselas un seminario que les servirá para tantearse y diseñar la estrategia a seguir durante los primeros meses de su mandato. Poco a poco, por tanto, el eterno proceso de renovación de la cúpula de la Unión Europea se va completando. Y el principal defecto de este, más allá de los orgullos nacionales o personales heridos durante la selección de altos cargos, estriba precisamente ahí: en que se hace a un ritmo propio de otras eras.

La Comisión Europea lleva al ralentí desde abril, cuando varios comisarios pidieron la “excedencia” para presentarse a las elecciones europeas del 25 de mayo. Y la nueva Comisión no asumirá sus funciones todavía hasta el 1 de noviembre, medio año después de que Bruselas pulsara el botón de pausa. Y eso, si no hay más contratiempos.

Ese decimonónico calendario quizá fuese aceptable incluso en los ochenta, cuando la Comisión se dedicaba casi a tareas de estandarización y el Parlamento Europeo era poco más que un órgano consultivo. Pero en 2014 resulta inadmisible dejar empantanadas durante meses a unas instituciones cuya voz resulta esencial en el continente.

Los 300.000 millones de euros de inversión prometidos por Juncker en su discurso de investidura, por ejemplo, siguen en el tintero. La investigación sobre el presunto abuso de posición dominante de Google se arrastra a la espera de que el actual comisario de Competencia, Joaquín Almunia, pase la cartera a su sucesora, la danesa Margritte Vestager. Y, en plena pugna con Rusia, la política exterior de la UE va a estar encabezada por tres personalidades (Van Rompuy, Barroso y Ashton) que, en la terminología de EE UU, llevan meses como patos cojos a los ojos de Moscú.

Juncker se ha comprometido a modernizar las estructuras y los procedimientos cuando asuma la presidencia, el 1 de noviembre. Esperemos que sea así. Y que comience su tarea desde ese mismo día, sin conceder ni un respiro más a unos organismos que tienden sistemáticamente a la hipertrofia burocrática y, con ello, a una lentitud rayana en inutilidad.

De momento, sin embargo, la única novedad anunciada por el luxemburgués apunta en sentido contrario: una estructura de la Comisión con siete vicepresidencias y 20 comisarios que se presta a la duplicidad de tareas y a una estéril cacofonía ante los ciudadanos y también ante los socios internacionales. En Energía, por ejemplo, además del comisario español, Arias Cañete, Juncker ha designado a la eslovena Alenka Bratusek como vicepresidenta encargada de la Unión Energética. Habrá que ver el resultado, pero a priori el único valor añadido son los 2.000 euros que Bratusek añadirá a su sueldo de más de 20.000 euros gracias a la coletilla de vicepresidenta.