Estadistas y celebridades pusieron de moda la marca en los años cuarenta

Montblanc, el nombre propio de las plumas

La compañía, que empezó con las plumas, pronto daría el salto a los artículos de lujo

Hoy pertenece al grupo Richemont y factura 730 millones de euros

Montblanc, el nombre propio de las plumas

No inventaron la pluma estilográfica, y pese a ello cuesta encontrar una marca con más renombre que la suya en esta industria. Los fundadores de Montblanc, hoy integrado en el grupo Richemont, tuvieron el acierto de reproducir en Europa ese invento que tanto les había fascinado en Estados Unidos. A principios del siglo XX los tiempos cambiaban a toda velocidad. El ferrocarril no paraba de ampliar su trazado, los barcos cada vez recorrían más distancia en menos tiempo y hasta se empezaba a hablar del transporte aéreo. El mundo estaba cada vez más interconectado; el hombre moderno viajaba continuamente y no podía llevarse a todas partes un tintero en el que mojar su pluma.

Cronología

Montblanc, el nombre propio de las plumas

1902. Dos empresarios alemanes, Alfred Nehemias, de Hamburgo, y August Eberstein, de Berlín, se asocian con el comerciante de artículos de papelería Claus-Johannes Voss para producir su propia pluma estilográfica, invento que acaban de ver por primera vez en Estados Unidos.

1909. Nace la estilográfica Montblanc, con su distintivo capuchón coronado en blanco, anticipando el que sería el futuro emblema de la compañía.

1913. La nueva estilográfica se convierte en un éxito de ventas.

1919. Abre sus puertas la primera tienda dedicada en exclusiva a la venta de productos de la marca Montblanc. No solo plumas, sino también tinta, papel y portaminas. La siguieron otros establecimientos en las principales ciudades de Alemania, así como en Londres, París y Barcelona.

1924. La compañía lanza la estilográfica Montblanc Meisterstück, su modelo más emblemático, que celebra este año su noventa aniversario.

1935. Montblanc funda un taller cerca de Offenbach para crear artículos de piel de lujo.

1983. Atendiendo a la creciente demanda internacional de productos de alta gama, Montblanc lanza al mercado la colección Mestierstück Solitaire, la primera edición en metal de su modelo de estilográfica más emblemático.

1997. La compañía funda Montblanc Montre, su propio taller de relojería en Le Locle, Suiza. La buena acogida de esta línea de productos le llevó a ampliar el negocio con la absorción de Minerva, un pequeño taller artesanal suizo.

De ahí que Alfred Nehemias, un comerciante de Hamburgo, y August Erberstein, un ingeniero de Berlín, quedaran impactados en 1906 al ver en Nueva York una pluma estilográfica, que contenía un pequeño cargador de tinta. El modelo todavía era imperfecto, así que se decidieron a mejorarlo en casa. De vuelta en Hamburgo, cerraron un trato con Claus-Johannes Voss, un comerciante de artículos de papelería, para producir su propia versión de la estilográfica.

La primera pluma Montblanc se comercializó en 1909. Con algunas mejoras respecto a lo que habían visto en EE UU: la tinta fluía de forma más homogénea y deslizaba de manera más suave. Para 1913 ya era un auténtico éxito de ventas en Europa y empezaba a llamar la atención en Norteamérica. Tanto, que la compañía cambió su nombre original (Simplo Filler Pen Co.) por Montblanc Simplo, en referencia a su conocida estilográfica.

En 1919 ya había abierto en Hamburgo el primer establecimiento dedicado en exclusiva a la venta de productos Montblanc (originalmente estilográficas, papel y portaminas, otro artilugio de éxito de la época). Fue la precursora de los establecimientos de lujo que salpican hoy el mapamundi. A Hamburgo la siguieron Berlín, Leipzig, Breslau, Hanover y Bremen en Alemania. Y después vendrían Londres, París y Barcelona.

El lanzamiento de su propia red comercial vino acompañado de unos novedosos métodos de publicidad inspirados también en las tendencias norteamericanas. El departamento de marketing de la compañía montó unas enormes estilográficas Montblanc encima del techo de los coches, y el nombre de la empresa se pintaba en los laterales de los aviones. Incluso una fotografía de París de los años veinte muestra un anuncio que cubre toda la fachada de un edificio, una práctica poco común en la Europa de entreguerras.

Hay un antes y un después de 1924 en la compañía. Ello se debe al lanzamiento de la estilográfica Montblanc Meisterstück. Su diseño original en noble resina negra y sus tres anillos en oro no han sufrido casi ningún cambio hasta hoy. El grabado 4810 deja constancia de la altura en metros del Mont Blanc. Realizado artesanalmente, cada plumín es tallado a mano por los maestros artesanos a partir de oro macizo, lo que requiere 35 pasos (antes de otros 70 para montar y probar cada modelo ya completado).

Referencia del lujo

En 1935 la marca decide hacer otra incursión en el mundo del lujo. Montblanc funda ese año un taller cerca de Offenbach, una ciudad famosa en esos años por su artesanía en piel. Su intención: crear artículos con ese material de pequeño tamaño. Fundas, libretas o cajas para el escritorio fueron los primeros (en la actualidad hay en catálogo hasta protectores para el smartphone).

Tras el parón de la Segunda Guerra Mundial, que dejó completamente destruidos el taller de Offenbach y la manufactura de Hamburgo, la firma se rehizo y consolidó rápidamente gracias al uso que hicieron políticos y famosos del modelo Meisterstück.

Más de 5.000 puntos de venta

Montblanc, que cuenta con 5.000 puntos de venta en 70 países, facturó en el último ejercicio (marzo de 2013 a marzo de 2014) 730 millones de euros. Los precios de las plumas de la firma alemana, propiedad de Compagnie Financière Richemont, uno de los tres mayores grupos de lujo a escala mundial, oscilan entre los 315 y los 1.225 euros (ediciones especiales aparte).

Ya en la década de los noventa, tras haber consolidado su imagen como una marca internacional de artículos de lujo, la firma resuelve probar suerte con la relojería. Desarrolló esta artesanía de precisión en torno a la filial Montblanc Montre, que contaba con su propio taller en Le Locle, en el corazón del Jura suizo. El éxito de esta nueva gama de productos hizo que las instalaciones originales pronto se vieran complementadas con la adquisición de Minerva, un pequeño estudio relojero de Villeret conocido por sus mecanismos de movimiento confeccionados manualmente.

El modo en que se celebró el primer siglo de la compañía es muy indicativo del enfoque que estaba adoptando la firma. En 2006, Montblanc presentó un diamante tallado a imagen y semejanza del emblema de la marca: una estrella de seis puntas en tres dimensiones. Ese hito marcó, de hecho, la entrada de la compañía en el mercado de la joyería.