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Los inversores dejan el mundo a un lado

Un detective podría encontrar rastros de preocupación geopolítica en los mercados financieros. Las menciones a Ucrania y el Estado Islámico aparecen en los comentarios de los días malos, o cuando los precios de los activos seguros aumentan. Pero las acciones, consideradas de riesgo, suben –y el precio del petróleo es débil–. Parece que los inversores han decidido no preocuparse por el mundo.

Los acontecimientos en Rusia y Oriente Medio han seguido una trayectoria que solo los más pesimistas habrían previsto hace un año, pero los mercados se han fijado en la respuesta de los bancos centrales al ritmo variable de las recuperaciones en el mundo occidental.

La despreocupación de los inversores es justificable. Desde su punto de vista, la economía ucraniana es demasiado pequeña. Las sanciones hacia y desde Rusia, que tiene un PIB casi del tamaño de Italia, ralentizarán la zona euro, pero ello sugerirá medidas de los gobiernos y los bancos centrales. En cuanto a Oriente Medio, el petróleo es de suma importancia para los inversores, y el precio del crudo habla más que mil hipotéticos escenarios de desastre.

Pero la paz financiera parece precaria. El descontento económico y político en la Rusia de Vladimir Putin podría llegar a socavar su régimen, pero un Putin desesperado podría ser más peligroso. Ahora que la visión post soviética de una Europa cada vez más unida ha llegado a su fin, puede que la tensión y las provocaciones se conviertan en lastres económicos duraderos.

Los mercados se han fijado en la respuesta de los bancos centrales a los diferentes ritmos de recuperación en Occidente

El Estado Islámico está bien armado, es agresivo, razonablemente bien organizado, popular y busca la remodelación de todo Oriente Medio. Los tres mayores productores de petróleo de la región –Irán, Irak y Arabia Saudí– son algunos de sus muchos enemigos ideológicos. Mientras Estados Unidos y los enemigos regionales de la nueva entidad titubean, no se puede descartar un ataque que lleve a una interrupción importante de la producción de petróleo en la región.

Hace un año, parecía que la mayor amenaza geopolítica llegaría de la mano del ascenso de China. Podría ser cierto para la próxima década, pero por ahora los inversores deberían estar atentos a los daños causados por problemas enquistados.