Editorial

La deuda da buenas noticias a la Bolsa

España está a punto de conseguir que los inversores paguen por prestarle dinero. Ayer volvió a estar cerca de vender deuda a interés negativo al colocar 3.500 millones de euros, el máximo previsto, en letras a tres y nueve meses con un mínimo interés –0,034% y 0,107%, respectivamente–. El buen momento para la deuda española la lleva incluso a cotizar por debajo de la de EEUU. Claro está que el recurrente éxito de las emisiones del Tesoro llega en un momento en el que la rentabilidad de la deuda soberana de muchos otros países europeos también marca cada día nuevos mínimos históricos gracias a las expectativas de que el BancoCentralEuropeo (BCE) apruebe nuevos estímulos a la economía, como el esperado programa de compra de deuda, como el de la Reserva Federalestadounidense. Esta esperanza de los inversores, aumentada tras el compromiso con el crecimiento manifestado más claramente que nunca por Mario Draghi la pasada semana en la reunión de banqueros centrales de Jackson Hole, ha provocado la extraordinaria y ciertamente anómala situación de que el interés de la deuda española se sitúe por debajo de la de Estados Unidos en todos los tramos, salvo en los títulos a 30 años.

En el bono a diez años, el de referencia, el interés de la deuda española está en el 2,17%, un mínimo histórico muy lejos del 7% del verano de 2012, en plena crisis de deuda periférica, mientras que la deuda estadounidense al mismo plazo cotiza en el mercado secundario por encima, a pesar de que tiene la máxima calificación para dos de las tres principales agencias y de que España está siete escalones por debajo. Pero esta situación inusual, que tiene al BCE como principal promotor, también se da, por ejemplo, con los bonos a dos, tres y cinco años de deuda italiana.

Y es que además de la esperada compra de activos por el BCE, otra razón que justifica el continuo descenso de rentabilidad de la deuda soberana europea es la inflación, mucho mayor enEE UU que en Europa y clave para calcular el rendimiento real de un activo.Mientras en EE UU ronda el 2% –justo el objetivo buscado por el BCE–, en la zona euro no solo es mucho más baja, sino que extiende el fantasma de la deflación. Comparados, la rentabilidad real del bono español a diez años quedaría en el 1,7%, cuatro veces mayor que la del estadounidense. Claro que esto cambiará en cuanto la Fed suba de nuevo el precio del dinero, lo que no hace desde finales de 2008.

Estos mínimos nunca vistos en la historia, con los que el Tesoro español está consiguiendo financiarse casi gratis a corto plazo –los tipos negativos sí se han tocado en el mercado secundario la pasada semana–, ha llevado como primera providencia a la Secretaría General del Tesoro y Política Financiera a dictar este viernes una resolución que revisa el procedimiento de adjudicación de las letras para proteger al pequeño inversor.

Tras esta marea de dinero hacia los bonos soberanos, no obstante, aparecen sombras. Entre ellas, el miedo a una nueva recaída en el modesto crecimiento de la eurozona o las tensiones geopolíticas en Ucrania y Oriente Próximo y la debilidad de resultados empresariales europeos. Como quiera que sea, siempre son buenas noticias para los inversores que ya estuvieran en renta fija, aunque estas caídas dejan ya poco margen para futuras rentabilidades y han llevado a las gestoras de fondos a revisar las comisiones para hacerle sus productos más atractivos al partícipe. Aun así, el inversor ganará poder adquisitivo comparado con los depósitos, ya que con los tipos cada vez más bajos, cada vez es más escaso el margen de rentabilidad de estos.

Menores costes de financiación para el Estado y, por tanto, más ahorro y mejora del déficit; mejor acceso a la financiación para las empresas, o hipotecas más baratas siempre que no tengan cláusula suelo son otros de los impactos positivos del actual estado del mercado de la deuda. Pero tal vez el más visible es cómo gana atractivo la Bolsa. La escasa rentabilidad que van a ofrecer los productos de renta fija llevará a los inversores a buscar otros destinos para sacar más partido a sus inversiones. En este sentido, la renta variable se presenta como el gran beneficiado por la caída de los tipos en la deuda. Una nueva oportunidad para los inversores y para la financiación de las empresas.