Por cada dólar que se encarece el barril de crudo, el coste para España se eleva en 600 millones

Pros y contras del abaratamiento del petróleo y del euro

Motorista repostando en una estación de servicio
Motorista repostando en una estación de servicio

La economía española acumula cuatro trimestres consecutivos de crecimiento y todas las previsiones, tanto las del Gobierno como las de los organismos internacionales, vaticinan tasas de crecimiento del PIB que incluso podrían superar el 2% el próximo ejercicio. Por si fuera poco, dos de los obstáculos (un euro apreciado y un petróleo caro) que permanecían como amenazas en la senda de la recuperación y que podían frenar el ritmo de crecimiento parecen perder fuerza.

España solo produce el 0,2% del crudo que importa y por lo tanto los incrementos de precios en el barril de Brent, de referencia en Europa, dañan sensiblemente las cuentas del Estado. El petróleo es la partida más representativa de las importaciones españolas, con un 18% del total. La factura por la compra de hidrocarburos asciende cada año a 45.000 millones de euros, por encima de lo que representan las prestaciones por desempleo o el pago de los intereses de la deuda. Fue el exministro socialista de Industria Miguel Sebastián el que popularizó el cálculo para conocer el impacto del encarecimiento del crudo: por cada diez dólares que se aprecie el barril de Brent, el coste extra que tienen que asumir Estado, empresas y particulares es de 6.000 millones al año; dicho de otra manera, que la subida o la bajada de un dólar en el barril resta o aporta 600 millones de euros.

La evolución reciente a la baja del petróleo podría provocar, de consolidarse en el tiempo, que se volvieran a revisar algunos de los indicadores del programa de Estabilidad remitido a Bruselas. El barril de Brent, de referencia en Europa, alcanzó a mediados de junio un máximo anual al superar los 115 dólares y surgió como una amenaza para la débil recuperación de la economía mundial y de la española. Desde esa fecha ha caído con fuerza y se ha situado a mediados de agosto en el entorno de los 103 dólares, lo que supone que ha sufrido un ajuste superior al 10% en tan solo dos meses.

Sin embargo, la cotización media del barril en lo que va de año (108,49 dólares) aún está por encima de la registrada en el mismo periodo de 2013 (107,85 dólares). Si el análisis se realiza en euros, el precio del barril supera los 77 euros frente a los 82 registrados en 2013, como consecuencia de la depreciación del euro en los últimos tres meses. Sin embargo, el crudo se comercializa en dólares y el abaratamiento del euro (o lo que es lo mismo, el encarecimiento del dólar) obliga a los países importadores, como es el caso de España, a gastar más dinero para satisfacer sus necesidades energéticas. De este modo, el ahorro generado por la caída de la cotización internacional se ve parcialmente mitigado por la depreciación del euro frente al dólar.

En mayo de este año, el euro alcanzó el máximo anual frente al dólar al cambiarse por 1,39 dólares. Desde esa fecha, ha iniciado una caída que le ha llevado a 1,33 dólares, lo que supone una caída del 4,4% en tan solo tres meses, el mínimo anual y el nivel más bajo desde noviembre de 2013. Este abaratamiento es un balón de oxígeno para las empresas exportadoras, que se han visto sensiblemente perjudicadas por la carestía de la moneda única. Un euro apreciado encarece las exportaciones de las empresas españolas fuera de la zona euro y las obliga a ajustar márgenes y precios para ser competitivas frente a otras compañías. Ese factor es una de las razones que ha provocado la desaceleración de las exportaciones españolas en la primera mitad de este ejercicio y ha obligado a un gran número de empresas a redirigir sus ventas mayoritariamente hacia la zona euro, en la que no sufren esa desventaja frente a sus competidores.

Si se consolida el abaratamiento del euro, algunas compañías, en especial las grandes, podrían deshacer el camino emprendido en la primera mitad del año y volver a mirar a los mercados de fuera de la zona euro. Un hecho que el Ministerio de Economía considera fundamental para consolidar al sector exterior y para que siga contribuyendo con una aportación importante al PIB, más aún cuando existen muchas dudas sobre el futuro a corto plazo de nuestros grandes compradores de bienes y servicios, todos ellos en la zona euros. Francia, Alemania e Italia absorben entre las tres el 33,6% de las exportaciones españolas. Un porcentaje que podría descender en los próximos meses ante el deterioro experimentado por esas tres economías. El PIB alemán bajó un 0,2% entre abril y junio, el de Francia se estancó y el de Italia bajó un 0,2%, devolviendo al país transalpino a la recesión.

En las previsiones remitidas a Bruselas dentro del Plan de Estabilidad, el Gobierno ya descuenta que el sector exterior va ir perdiendo fuerza y cada vez aportará menos al crecimiento del PIB. No por los factores antes citados, sino por una mayor contribución de la demanda interna. Del punto y medio de crecimiento que aportó en 2013 se pasará a seis décimas este año, a cinco en 2015, a cuatro en 2016 y a tres en 2017.

Carburantes más baratos

Lejos de las previsiones macroeconómicas, el efecto de la bajada de la cotización internacional del petróleo ha sido el abaratamiento del precio de venta al público de la gasolina y del gasóleo. Desde finales de junio, el litro de gasolina de 95 octanos se ha abaratado un 3,2%, mientras que el de gasóleo lo ha hecho un 1,7%, lo que supone regresar a los niveles registrados hace cinco meses. Unos porcentajes sensiblemente inferiores al 10% en el que se ha abaratado el barril de crudo, aunque desde las petroleras recuerdan que ni las subidas ni las bajadas de precios del barril se transmiten íntegramente al precio.

Así, consideran que la situación actual de precios en el mercado es perfectamente coherente con los acontecimientos vividos en esa etapa. Los incrementos de precios que se vivieron en junio responden, en su opinión, a los conflictos en Irak, cuyo impacto se ha visto diluido por los aumentos de producción en Norteamérica. Buena prueba de ello es que México se ha convertido en el tercer mayor vendedor de crudo a España, con un 16% del total, por detrás de Rusia y Nigeria. Un dato que avala esta tesis es que México vende en la actualidad el mismo volumen de petróleo a España que todos los países de Oriente Próximo.