Editorial

Cuando se acaba la diplomacia

Del conflicto ucraniano en el que están enfrascados políticamente la Unión Europea y Rusia solo se sabe cómo ha empezado. Desde que la revolución del Maidan, en Kiev, abrió la caja de los truenos, cada nuevo acontecimiento ha elevado la intensidad de la crisis, y ahora se ha llegado ya a una auténtica guerra comercial entre Europa y Rusia, que comenzó por la energía, continuó por las armas y los viajes de determinados rusos y ha culminado, solo de momento, con la alimentación fresca. Solo la industria alimentaria europea puede perder más de 12.000 millones de euros por el cierre del mercado ruso, de los que casi 500 millones absorberán los productores y transformadores de frutos y hortalizas españoles.

Los cruces de sanciones van paralelos a una gestión diplomática que en ningún momento se ha roto, pero tampoco ha proporcionado sensación de lograr soluciones definitivas. Conscientes de que la guerra solo puede librarse por armas no tradicionales, la economía es la primera víctima cuando la diplomacia no encuentra salida. Europa debe mantener su firmeza y su unidad ante los pequeños pasos de hechos consumados de Moscú, seleccionando bien sus decisiones para que surtan efecto y minimizando los daños sobre su propia economía.