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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

La explosión cuantitativa del empleo

Decía el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en su balance anual que la recuperación de la economía “es intensa y sólida, y ha venido para quedarse”, y lo decía con tal desacostumbrada vehemencia que a la vuelta del estío elevará las previsiones de actividad y empleo. Los indicadores de los que hasta ahora disponemos, los que miden únicamente número de personas con trabajo independientemente de su relación con el empleador y de su jornada, confirman que la elasticidad de la ocupación ha cambiado respecto al PIB con las últimas reformas. De hecho, este mismo año la ocupación podría crecer cerca del 2%, o incluso superarlo, cuando el PIB solo lo hará en torno al 1,5% o 1,6%; una proporción inimaginable hace unos años, cuando era preciso un crecimiento de al menos el 1,5% para que se activase la contratación.

Lo ocurrido en los últimos meses, confirmado también por los datos ofrecidos ayer por la Seguridad Social, es la constatación de esta nueva relación entre actividad y puestos de trabajo, pero de forma significativamente incrementada por una necesidad imperiosa de contratar en el caso de muchas empresas. El grado de estrés al que las corporaciones habían sometido a sus plantillas, tras unos años de fuerte ajuste de efectivos laborales, genera ahora una notable explosión de empleo por las facilidades que proporciona la regulación: despido más barato, salarios más baratos, cotizaciones más baratas. Hasta que las empresas estabilicen sus recursos humanos habrá una temporada con crecimiento de la ocupación superior al de la producción, con la consiguiente reducción de la productividad.

Otra cuestión es qué calidad tiene el empleo generado y qué cantidad de horas/hombre se han contratado en el año. Celebra el Gobierno que ya hay menos parados que cuando Rajoy llegó a Moncloa, pero faltan muchos puestos de trabajo por crear para llegar al nivel de diciembre de 2011, y desde luego muchos más para absorber toda la ocupación destruida en la crisis. Esta acelerada generación de nuevo empleo, consecuencia del abaratamiento del factor trabajo, lleva aparejada una merma notable en la calidad, si por tal entendemos duración de la jornada, naturaleza del contrato y remuneración recibida.

Esa es la explosión que no se ha producido y que seguramente tardará en producirse si no encuentra la economía una alternativa productiva a la que tenía antes de la crisis. Tener un empleo temporal, a tiempo parcial o mediocremente pagado no es lo mejor del mundo; pero es mejor que no tener otra cosa que desempleo, esté remunerado o no. Los cambios normativos no proporcionan mucho más recorrido; sin un giro en el modelo productivo hacia las manufacturas y servicios de aceptable valor añadido, la explosión cuantitativa del empleo dudará poco, y la cualitativa, no existirá ni siquiera.

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