Editorial

El empleo levanta la cabeza

Los datos de creación de empleo conocidos ayer a través de la Encuesta de Población Activa (EPA) constituyen un claro punto de inflexión en el ritmo y en la solidez de la recuperación económica española. La mejora de las constantes vitales de la actividad ha cristalizado en el segundo trimestre del año con una explosión de puestos de trabajo que no se producía desde 1999. En solo tres meses, España ha creado 400.000 nuevos empleos –lo que supone una media de 4.471 al día– y ha situado el número de ocupados en los 17’3 millones. El crecimiento ha superado incluso las perspectivas más optimistas, que apostaban por una cifra en el entorno de los 250.000. A ello hay que sumar que el número de desempleados también ha descendido en más de 300.000 personas, hasta totalizar algo más de 5’6 millones, lo que constituye el nivel más bajo desde el cuarto trimestre de 2011. Además, el empleo ha aumentado en 192.400 personas en los úlimos 12 meses, el primer avance interanual desde que estalló la crisis.

Para calibrar la magnitud de esta lluvia de datos basta con tener en cuenta que España ha recuperado en abril, mayo y junio el 10% del empleo que se destruyó durante la crisis. Un sólido y sorprendente repunte que se explica por la confluencia de tres grandes factores. El primero tiene que ver con los sacrificios impuestos por la reforma laboral –fundamentalmente, el abaratamiento de los despidos y el descenso de salarios y cotizaciones– y su capacidad para dinamizar el mercado de trabajo. También el proceso de normalización financiera ha jugado un papel clave, al restablecer la confianza de todos los agentes económicos. La decisiva intervención del Banco Central Europeo (BCE) para apagar la crisis de deuda soberana que llegó a desorbitar el coste de financiación de la economía española, el profundo saneamiento y reorganización de nuestro sector financiero y la progresiva revalorización de los activos en los mercados han sentado las bases para la recuperación del empleo.

El tercer elemento es el deshielo –lento, pero constante– de la demanda interna y el fortalecimiento que ha desarrollado durante la crisis el sector exterior. Ambas variables explican que la mayor parte de los puestos de trabajo creados hasta junio procedan del sector privado, tal y como debe ser en una economía de mercado que funcione como tal, en contraste con un sector público que ha ido reduciendo su peso y redimensionando su tamaño. Pese a la fuerte estacionalidad que caracteriza el empleo en los meses de primavera, una significativa parte de esa nueva ocupación está integrada por puestos fijos y a tiempo parcial. Se trata, en cualquier caso, de un tipo de empleo distinto, con salarios acordes a una economía herida por la crisis, pero cuya creación se reparte entre los distintos sectores, entre todas las franjas de edades, en todos los tipos de contrato e incluso en todas las modalidades de duración de las jornadas. Un modelo de empleo nuevo, que no se puede comparar en términos de calidad con el de años pasados, pero que constituye el reflejo natural de una economía que comienza a dejar atrás un largo período de incertidumbre económica.

La buena noticia del empleo no puede hacer olvidar que España tiene aún por delante una tarea titánica de reactivación económica, que incluye una ingente masa de desempleados que deben volver al mercado laboral. Se trata de un reto dificil, que no es posible resolver de un día para otro, y que exigirá todavía mucho esfuerzo y sacrificio por parte del conjunto de la sociedad española. Pese a ello, la radiografía que ofrece hoy nuestra economía no tiene nada que ver con el retrato crítico y convulso que España mostraba al mundo hace poco más de dos años. La profunda transformación que ha llevado a cabo el país, impulsada por una batería de impopulares reformas coyunturales, comienza a dar sus frutos en materia económica y demuestra que todo esfuerzo trae consigo una recompensa. Precisamente por ello, este es un momento clave para seguir avanzando en el proceso de liberalización y flexibilización de la economía española, porque la sostenibilidad sigue cogida con alfileres. Ese es el mejor alimento para una recuperación que se consolida día a día y cuyo ritmo comienza a superar ya las previsiones.