Editorial

Una riqueza familiar asimétrica

La progresiva mejora de la situación económica comienza a reflejarse en la riqueza financiera de las familias españolas. Los datos publicados ayer por el Banco de España revelan que el balance financiero neto –en términos agregados– de los hogares durante el primer trimestre del año creció alrededor de un 26% respecto al mismo período de 2013. Los activos menos los pasivos de las familias españolas suman ya 1,072 billones de euros, una cifra récord que supone retornar a los acomodados niveles de 2006.

La explicación de este incremento del patrimonio financiero es doble. Por un lado, tiene que ver con la mejora cuantitativa y cualitativa de los activos –acciones, depósitos y efectivo, fundamentalmente– gracias, entre otros factores, al buen comportamiento de los mercados bursátiles. Por otro, está relacionado también con el menor endeudamiento de las unidades familiares, que ha bajado un 5,7% en el primer trimestre de 2014 respecto al mismo período del año anterior. Ese porcentaje constituye la cifra más baja desde 2006 y es la prueba palpable del sacrificado proceso de desapalancamiento que han llevado a cabo los ciudadanos a lo largo de la crisis.

El hecho de que el activo que acumulan los hogares, en términos agregados, duplique el pasivo debería permitir en teoría a las familias españolas optar por saldar sus deudas de inmediato y sanear sus finanzas. Pero un vistazo a los datos revela que la riqueza financiera de los españoles se caracteriza, entre otros rasgos, por una profunda y marcada asimetría generacional. El grueso de los activos financieros –fundamentalmente depósitos y efectivo– se acumula en las familias integradas por miembros de más edad, mientras que la mayor carga de endeudamiento recae sobre las unidades familiares más jóvenes. Los primeros, además, tienen buena parte de sus necesidades de equipamiento e inversión satisfechas, al tiempo que los segundos se hallan en el periodo vital donde el gasto es mayor, ya sea por la carga que supone la adquisición de vivienda o por los altos niveles de consumo derivados de tener hijos pequeños todavía a su cargo.

Esa clara dicotomía entre las posibilidades de ahorro y gasto de unos y otros hogares explica que la riqueza financiera de las familias no se esté movilizando con suficiente fluidez como para ejercer de combustible del consumo y la inversión. Pese a la mejora de la situación económica, la persistencia del alto nivel de desempleo y el elevado porcentaje de hogares que llegan con dificultades a fin de mes constituye aún un pesado lastre para el conjunto de la actividad económica. Para esas familias, continuar reduciendo su deuda es un objetivo prioritario de cuya consecución depende no solo la prosperidad doméstica, sino la rapidez de la recuperación económica española.