Editorial

La mejora económica que se consolida

Los indicadores macroeconómicos del primer semestre apuntan a que la recuperación de la actividad en España es un proceso cada vez más consolidado. La progresiva mejora de los datos parece alejar el riesgo –siempre posible, pero especialmente probable en los albores de una recuperación– de una recaída de la senda del crecimiento, tal y como ocurrió en 2011. Entre los datos que explican esta consolidación destacan indicadores cualititativos que muestran un avance ininterrumpido de la confianza desde la primavera del año pasado. A ello hay que unir la mejora de indicadores cuantitativos, como las ventas del comercio minorista y los datos de producción, especialmente en el caso de la industria. Todos los sectores industriales presentan tasas anuales positivas –una vez descontados los efectos estacionales y de calendario– a excepción del energético. Del análisis de estos datos se desprende que el repunte de actividad se está focalizando especialmente en la industria, cuyo resultado bruto ha pasado de disminuir casi un 27% a finales de 2013 a crecer en torno al 18% a principios de este año. A este escenario se suma el excelente comportamiento de otros sectores ya consolidados –es el caso del turístico–, que no solo han ejercido de motores de actividad en la crisis, sino que siguen desempeñando un papel fundamental en la recuperación. Esta tímida, pero cada vez más afianzada primavera económica comienza a arraigar también en mercados cuyo proceso de ajuste y demolición parecía no tener fin, como es el caso de la construcción. Datos como el de las nuevas hipotecas, la evolución de los precios inmobiliarios y el volumen de concesión de nuevos créditos al consumo auguran un todavía incipiente cambio de tendencia.

Pero, como en todo proceso de recuperación, quedan tareas que reforzar. El decisivo empuje que el sector exterior ha mantenido durante la crisis se ha frenado en los últimos meses, hasta el punto de que si en 2012 las exportaciones aportaban 2,5 valiosos puntos de crecimiento al PIB, las previsiones para este año cifran esa contribución en solo cuatro décimas. Desde el Ejecutivo se insiste con razón en la necesidad de aumentar el número de empresas que exportan habitualmente y en que esas ventas se diversifiquen más allá de los mercados tradicionales. También resulta urgente seguir potenciando la competitividad del tejido empresarial español, un objetivo que exige mantener la moderación salarial y eliminar los todavía numerosos obstáculos que entorpecen la actividad en nuestro país. En esa línea se enmarca parte del paquete de medidas liberalizadoras aprobado el viernes por el Ejecutivo, que incluye iniciativas como una rebaja fiscal para los autónomos, el impulso del capital riesgo o la regulación de la Garantía de Empleo Juvenil, entre otras. Son pasos necesarios y acertados de cara a conseguir ese objetivo.