Editorial

La bomba demográfica

La evolución natural de la población en España ha vuelto a entrar en terreno de riesgo, tras el alivio proporcionado por el boom económico de los primeros años del siglo, en los que el crecimiento y la masiva llegada de inmigrantes jóvenes elevaron hasta niveles aceptables el número de nacimientos y el avance vegetativo de los moradores del país. El año pasado, tras seis años largos de crisis, y con el retorno de centenares de miles de inmigrantes a sus países de origen, el número de nacimientos se limitó a 425.000, frente a los 520.000 de 2008, nada menos que cuatro alumbramientos por cada cinco del último año de esplendor. De forma paralela se ha reducido el número medio de hijos por mujer en edad de concebir, desde 1,44 hasta 1,26, y la edad media a que se tiene el primer hijo no deja de elevarse y llega a 32,2 años.

Esta evolución esconde una auténtica bomba demográfica, puesto que no es generación suficiente para sostener a una población cada vez más envejecida. Ahora el sistema de pensiones está financieramente tocado; pero el riesgo crece, pues a la escasa renovación poblacional hay que añadir el avance imparable de la esperanza de vida. En 2013 ha llegado a 82,8 años, y a 21,1 la vida estimada de un pensionista. Demasiado preocupante como para no buscar un consenso nacional que dé soluciones.