El supervisor analizará las operaciones posteriores a las recabadas a 31 de diciembre

El BCE revisará las nuevas compras de deuda de la banca en el test de estrés

El presidente del BCE, Mario Draghi.
El presidente del BCE, Mario Draghi.

La banca acometió su particular “operación bikini” la pasada Navidad. Los test de estrés a los que el Banco Central Europea someterá en octubre a la banca comunitaria se basan en los datos de su actividad recopilados el 31 de diciembre de 2013. Una fotografía fija para la que las entidades se prepararon a conciencia durante el año, reforzando sus balances y reduciendo la ingente carga de deuda pública que venían atesorando para hacer negocio ante el temor de verse penalizados.

Pasado el momento clave, algunas firmas dejaron de contener el aliento y retomaron este tipo de operaciones. Fuentes conocedoras del plan de vigilancia del BCE aclaran, sin embargo, que el supervisor tendrá en cuenta también los movimientos que el sector vaya realizando a lo largo de este año con especial atención a la negociación con deuda soberana.

La importancia de esta cartera en particular radica en que el papel emitido por los Estados, especialmente el de los de la Europa periférica, se ha convertido en una rentable fuente de ingresos para las entidades que fueron aprovechando el dinero barato que les prestaba el BCE para adquirir títulos soberanos con una considerable remuneración para suplir la caída de márgenes de su negocio tradicional, operación que en argot financiero se conoce como carry trade.

Una práctica muy criticada por el propio presidente del BCE, Mario Draghi, que ya anticipó que de poner en marcha una nueva barra libre de liquidez para las entidades, como efectivamente ha ocurrido con la inyección de 400.000 millones recientemente anunciada, lo haría a condición de que la banca utilizara estos recursos para prestar dinero a la economía real.

Previendo una severa penalización en los test de estrés por este tipo de prácticas y por la volatilidad demostrada por la deuda pública durante la crisis soberana, las entidades comenzaron a reducir esta cartera. Progresivamente, el sector financiero español se deshizo de 8.900 millones en octubre, de 10.000 millones en noviembre y de 22.400 millones en diciembre, cuando se tomó esa imagen para las pruebas de resistencia.

Llegado enero, sin embargo, la banca española volvió a incrementar su carga de deuda pública en 22.400 millones y a cierre de abril contaba de nuevo con 305.483 millones de euros en bonos soberanos, su máximo nivel desde octubre del año pasado, cuando comenzó la reducción. Un camino de ida y vuelta que ahora podría perder su sentido.

A priori, la penalización impuesta finalmente por el BCE a las carteras de deuda pública afectaría solo a los montantes registrados el 31 de diciembre. En concreto, el supervisor ha ideado un sistema de quitas que se aplicarán en el escenario de estrés con variaciones para cada uno de los tres años proyectados y del tipo de emisión. El resultado final para 2016 es una quita de entre el 0,7% para las letras españolas a tres meses y del 50% para las emisiones de más de una década pasando por un 29,8% para los bonos a 10 años.

El ejercicio dejará sin penalizar las carteras de deuda a vencimiento, aquellas que las entidades prevén mantener en cartera hasta que la emisión expira. Los constantes movimientos comerciales con deuda pública realizados por la gran banca española durante el pasado año hacen, sin embargo, que solo el 9% de su carga esté catalogada como tal. El 66% de los bonos están disponibles para la venta, con lo que sufrirán la quita completa, y el 25% restante en la cartera de negociación, a la que el BCE aplicará ciertos filtros prudenciales para mitigar la depreciación.

A este varapalo se le suma ahora la confirmación de que el supervisor europeo también tiene previsto controlar las nuevas operaciones de deuda que la banca ha venido haciendo a lo largo del presente año. Fuentes conocedoras del proceso aseveran que el BCE tiene intención de investigar todos los movimientos en este sentido para evitar que los resultados de los test de estrés se basen en una situación ficticia que comenzó a quedar caduca el 1 de enero.

Las pequeñas entidades, también bajo la lupa

Los resultados de las pruebas de resistencia que el BCE celebrará en octubre les serán comunicados a la banca un viernes por la tarde con el objetivo de que puedan lanzar al mercado un primer mensaje inicial el siguiente lunes y tener preparado un plan de recapitalización, si así lo requieren, en un plazo de dos semanas. Un programa que deberá ser ejecutado en seis meses, si la entidad baja de un 8% de capital en el escenario base, o en nueve meses si su solvencia cae del 5,5% en el escenario estresado. El mensaje de las autoridades viene siendo que son las pruebas más duras realizadas tanto en Europa como en EE_UU. Más adelante, el BCE tiene previsto crear un equipo supervisor que evalúe la solvencia de las entidades de menor tamaño, que se quedan fuera de las pruebas. En España apenas son el 5%, pero en Alemania es la mitad del sistema la que no se examina.