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La ruta del taxi londinense

Los conductores los taxis negros amenazan con crear el caos en las calles de Londres esta semana en protesta contra Uber y otros advenedizos de las aplicaciones para taxis. También podría haber protestas en París. Alrededor del mundo, la industria del taxi teme el cambio tecnológico y está interesada en excluir la competencia.

Con la vinculación de pasajeros y conductores a través de los teléfonos inteligentes, compañías como Uber están remodelando la industria. La nueva valoración de 18.000 millones de Uber muestra cuánto está en juego.

Londres es un banco de pruebas importante. Es un mercado grande y bien establecido que representa casi un tercio de los taxis y vehículos privados de alquiler en una industria nacional con 5.000 millones de libras al año en ingresos, según calculaba en 2012 la Comisión de Derecho. Y cómo trata Londres la economía del intercambio tiene también un peso simbólico, ya que tiene como objetivo ser el mayor centro tecnológico de Europa.

Los reguladores deben equilibrar los beneficios para el consumidor con el impacto disruptivo

Los reguladores deben equilibrar los beneficios para el consumidor con el impacto disruptivo. En primer lugar, deben estar seguros de que no hay ningún tipo de problema regulatorio –que los nuevos operadores no estén comprometidos en, por ejemplo, la seguridad o los impuestos–. En Londres, al menos, eso no parece aplicarse.

En segundo lugar, hay que mirar más allá de la ira, y aprovechar la oportunidad para modernizar una industria anticuada. Además, hay que tener cuidado con los casos especiales. Los Hackney Carriages, como también son conocidos taxis negros, son caros, pero tienen ventajas. A los turistas les gusta la iconografía y los habitantes de la ciudad valoran a los conductores experimentados. No hay otros coches puedan recoger pasajeros en la calle. Otros privilegios incluyen el uso de las paradas de taxi y los carriles bus.

La valoración de Uber asume el éxito en todo tipo de mercados. En realidad, por supuesto, abundan los obstáculos específicos de cada ciudad. Pero las autoridades deberían reconocer que la era de aplicaciones no se puede evitar siempre.